Un Pueblo Abandonado continúa imparable

A pesar de los intentos de silenciar el libro “Un Pueblo Abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental”, el mismo sigue subiendo en las listas de obras, sobre el Sahara Occidental, más difundidas hasta el momento.

Alberto Maestre Fuentes (@Diarioelminuto)

Una obra, que está basada en mi tesis doctoral y que obtuvo la máxima calificación por la Universidad de Barcelona, no interesaba que fuera publicada y, mucho menos, que tuviera la difusión que está teniendo hasta la fecha. Todos sabemos de las manipulaciones, mentiras y calumnias que Marruecos es capaz de utilizar sobre la última colonia de África. Tanto tiempo creyendo en sus propias mentiras han hecho mella en ellos.

Cuando se es capaz de manipular hasta un dictamen tan claro como es el del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya de 1975 sobre el Sahara Occidental, se es capaz de cualquier cosa.

Y así lo están haciendo, sin pudor alguno

Pero no contaban que historiadores realizarían investigaciones y tesis doctorales sobre el Territorio no autónomo del Sahara Occidental que es lo que es, legalmente, para las Naciones Unidas, les guste o no a los propios ocupantes marroquíes.

Como se sabe, una tesis doctoral, es un trabajo científico, de investigación. Todo está contrastado y demostrado. Sino no sería una tesis doctoral evidentemente.

Durante años de investigación, son el director y tutor, quienes te dirigen y te van guiando durante todas tus investigaciones.

En mi caso tuve la suerte y el privilegio de tener al prestigioso Doctor Agustí Colomines como director y tutor. Toda una eminencia y referente no solo para nosotros, los historiadores, sino para toda la intelectualidad.

Que una persona de la talla como es la del Doctor Colomines acepte llevar tu tesis doctoral es ya un primer indicio de que el resultado del mismo será altamente positivo, púes si dudara de ti y de tu capacidad científica no aceptaría dirigirte y mucho menos dar su visto bueno a que se pudiera depositar ante la Comisión Académica que es, en última instancia, la que autorizará o no la defensa de la tesis ante el tribunal.

Sólo señalaré que el tribunal que evaluó finalmente mi tesis doctoral, en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona, fue presidido, ni más ni menos que por el prestigioso catedrático Doctor Josep Sánchez Cervelló, uno de los mayores especialistas en Historia Contemporánea y del colonialismo africano portugués como su extensa bibliografía lo confirma.

Y fue el propio Doctor Sánchez Cervelló quien, al final de haber concluido la defensa de mi tesis doctoral, me solicitó que la misma no quedara sólo para el ámbito académico y que fuera publicada, lo antes posible, por la importancia que tenía y de que sería una herramienta de ayuda de primer orden, para la resolución del problema de descolonización del Sahara Occidental.

Y así nació el libro.

Un Pueblo Abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental, ha sido presentado en distintos lugares de la geografía española, incluido en el propio Senado español en Madrid.

Como todos sabemos los grandes medios españoles siguen haciendo el juego a Marruecos con el tema del Sahara Occidental, pero a pesar de todo ello he podido conceder entrevistas a varios medios de comunicación e incluso a distintas cadenas de radio, como la pública “Radio Nacional de España” y hablar del problema saharaui.

Poco a poco este libro, gracias a su lenguaje claro y estructura amena que llega a todo el mundo, se está difundiendo no sólo por todos los rincones de España sino que ya está disponible en varios países latinoamericanos.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Además cuando se llegue a la cuarta edición, la editorial Chiado Books, hará su versión en lengua inglesa. Esto será extremadamente positivo para dar a conocer al mundo la verdad sobre el problema saharaui. Cuantas más personas sean conscientes de que África no ha cerrado su capítulo de descolonización y de que el Sahara Occidental es la mayor colonia existente hasta el momento, más fácil será su solución.

Hay un pueblo, el saharaui, que lleva demasiados años sufriendo en silencio y ante la aparente indiferencia del mundo. Si no se habla de ellos mejor para los ocupantes marroquíes, pues seguirán expoliando, maltratando y asesinando, impunemente a saharauis. Hay que luchar ante este silencio cómplice de una vez por todas. Y este libro puede ser una de las herramientas. Los marroquíes no se atreverán, directamente, a cuestionar o desprestigiarlo pues si lo hicieran, desprestigiarían además a la Universidad española y al mundo académico en general. Marruecos y el Majzen,. como todos nosotros sabemos, utiliza otros mecanismos más sutiles, en los cuales, la distorsión de la realidad es uno de ellos.

Como me indició hace poco un saharaui de El Aaiún, doctorado en Ciencias Políticas y que por su seguridad personal, no indicaré su identidad, Marruecos realmente está preocupado por la difusión de Un Pueblo Abandonado, puesto que los servicios del Consulado marroquí de Barcelona estaban informando por el éxito del mismo.

El principal objetivo marroquí, en estos momentos, es impedir, a toda costa, que se llegue a la cuarta edición y, por tanto, a su edición al inglés. No quieren que más personas se enteren del genocidio y expolio que están llevando, desde hace décadas, en el Sahara Occidental. No quieren que se cuestionen sus mentiras y difamaciones. Por todo esto estoy realmente orgulloso que mi obra rompa, por fin, todos los engaños referentes a un gran pueblo que ha sido abandonado durante demasiado tiempo.

Publicado en Diario el Minuto, Chile

La il·lusió d’una autonomia: Llums i ombres de la Mancomunitat de Catalunya

“La Mancomunitat va suposar una victòria del catalanisme i va propiciar un canvi transcendent en la societat catalana de principis del segle XX”

Andreu Navarra (@AndreuNavarra)

L’any 1914, una estructura supraprovincial va permetre que Catalunya tornés a exercir cert nivell d’autogovern sobre els seus assumptes interns. Heus aquí el que va ser la Mancomunitat catalana, fonamentalment comandada per dos líders ben diferents, Enric Prat de la Riba i Josep Puig i Cadafalch, entre 1914 i 1923: una entitat que, a la pràctica, no va aconseguir cap mena d’autonomia política perquè en cap moment no va sobrepassar les competències que ja eren en mans de les quatre províncies que la formaven, però que van tornar a posar sobre el mapa diverses realitats concretes: en primer lloc, la realitat “Catalunya” comptava amb alguna mena de rètol diferenciador, dos segles després de l’eliminació de les institucions de la Corona d’Aragó; en segon lloc, hi havia un líder polític administrant diners des d’una posició de lideratge modernitzador, i no era poca cosa aquesta.El volum L’aparença d’un poder propi. La Mancomunitat de Catalunya i el catalanism (Editorial Afers, 2010) té molts encerts: en primer lloc, acull estudiosos i historiadors de molt diversa procedència ideològica, sense preguntar qui és qui i sense menystenir la interpretació de ningú, i això és exemplar en els temps que corren. En segon lloc, pot servir de presentació molt completa per al públic que vulgui fer-se una idea exacta, no només del que va ser la Mancomunitat de Catalunya des d’un punt de vista cultural, identitari i transformador dels serveis públics, sinó de moltes altres implicacions (esportives, artístiques, bèl·liques) que especificarem a continuació. 

Al treball que obre el volum “Mancomunar-se. Com anar d’un tecnicisme jurídic a una institucionalitat nacional catalana”, Enric Ucelay ofereix un resum extens de molts termes implicats: “Mancomunitat”, però també “regió” o “catalanisme”; es capbussa en obres lexicogràfiques diverses i en textos jurídics, i n’extreu detalls molt reveladors. Per exemple, el concepte que se’n va fer Cambó (“qui “va intentar utilitzar la Mancomunitat com a trampolí, primer, a l’agost de 1917, per a imposar a Espanya un sistema parlamentari sense intervenció de la Corona, camí d’una regionalització general de les Espanyes”), o el detall de quan el 22 d’abril de 1931, la Segon república espanyola, acabada de néixer, va rescatar un terme medieval, “Generalitat”, per dotar d’autogovern la regió catalana, i ho va fer a partir de la legislació abolida l’any 1925, recuperant la unió de quatre diputacions provincials. Tot i que en aquell procés constituent Catalunya sí que assoliria el que no va poder aconseguir entre 1918 i 1919, és a dir, sobirania política pròpia, autogovern real i no només aparent com amb la Mancomunitat.    

A “La llarga campanya en demanda de la Mancomunitat”, Santiago Izquierdo Ballester inicia el seu relat el 21 d’abril de 1907, moment en què la Solidaritat Catalana aconsegueix un èxit clamorós en les eleccions legislatives.  El president de l’Executiu espanyol, Antoni Maura, líder del Partit Conservador, presentava el 7 de juny el seu Projecte de Llei de Reforma de l’Administració Local, projecte que naufragaria, però que deixaria sobre la taula la possibilitat que les províncies que ho demanessin poguessin mancomunar-se per a gestionar i dinamitzar els seus propis recursos i serveis. Una possibilitat que rebutjaven prohoms del Partit Liberal, especialment Segismundo Moret i José Canalejas. Izquierdo especifica quina va ser l’actitud de cadascun dels cabdills liberals del Congreso: des de Maura a Moret passant per Romanones, Canalejas, García Prieto, Dato i Sánchez Guerra, tots els que vam anar desfilant pel poder fins el cop d’Estat del general Primo de Rivera.  Puntualitza també el paper dels lerrouxistes, que van quedar aïllats en el rebuig a la Mancomunitat, segurament perquè hi van veure un òrgan administratiu que no podrien controlar.

Finalment, el 18 de desembre de 1913, manant el conservador Dato, s’imprimia el decret que permetia el naixement de la Mancomunitat, que es va poder constituir solemnement en abril de 1914. La seva tramitació, doncs, havia tardat set anys. Izquierdo tanca el seu capítol copiant íntegrament el discurs que Prat de la Riba va pronunciar en prendre possessió de la presidència de la Mancomunitat, un important text, ple d’optimisme i ple també d’orsisme, on quedava clar el desig de les corporacions i formacions polítiques per recuperar els seus destins propis.

Josep Pich José Contreras repassen les reaccions estatals al projecte mancomunitari a través de la publicació El Año político, que redactava el ferotge anticatalanista Fernando Soldevilla Ruiz. L’anàlisi de la seva prosa política exemplifica singularment les pors dels polítics més centralistes, obsessionats amb la idea que estaven a punt de vèncer un grapat de “separatistas” i atemorits davant la idea que el castellà perdés terreny i usos en la nova administració catalana.

A “La Mancomunitat com a teatre polític”, Enric Ucelay treballa amb una idea que aplica, no només sobre les ficcions d’un poder propi que van saber escenificar els polítics catalanistes de l’època, sinó també sobre la teatralitat que qualsevol forma de poder polític necessita per a ser percebut amb credibilitat. Reflexiona, per exemple, sobre la necessitat que tenen els partits polítics per ocultar que treballen en benefici propi per a apel·lar sempre a les nocions de “Poble” o “Nació”. 

És la intervenció més filosòfica i escèptica del llibre, on llegim frases com les següents: “tot argument d’alliberament és alhora la proclamació d’una formulació de predomini alternatiu”. En realitat, Ucelay escriu sobre els mites principals del catalanisme de l’època, especialment sobre els que han sobreviscut més de cent anys per a continuar vius i operatius sobre l’imaginari català. Per tant, és el capítol que s’acosta més a la idea del títol de l’obra, “L’aparença d’un poder propi”, que equival a dir que, mancant una autonomia real, els partits catalans que van participar del renaixement mancomunitari es van haver de conformar amb un atri o avantsala prometedor i no tant amb el plat gros que no va arribar mai. Segons Ucelay, la Mancomunitat hauria estat el desplegament d’una eficaç escenificació destinada a sobrepassar amb escreix el que va significar realment. Ucelay documenta un aspecte no massa conegut de la política de Primo de Rivera, els elements apresos de l’experiència regional catalana aplicats a escala estatal a partir de 1923.

Agustí Colomines signa “La Mancomunitat entre el centralisme estatalista i l’autonomisme catalanista”, recuperant molts descobriments i tesis de Josep Termes, encaminades a demostrar que el catalanisme va gaudir des dels seus inicis d’un vector popular indiscutible, enfront dels relats clàssics que presentaven les iniciatives catalanistes com a productes altament burgesos i sospitosos. Colomines combina l’anàlisi de les bases socials del catalanisme amb la llista de nacionalistes de signe contrari, on col·loca intel·lectuals i polítics com Cánovas del Castillo, Sagasta, Maura, Ortega y Gasset, Costa, Azaña, Alcalá-Zamora, Víctor Balaguer, Joan Prim i el federalista Pi i Margall. Entre d’altres aportacions: es pregunta també com és que els líders del Partit Liberal van ser molt més centralistes i jacobins que els del Partit Conservador, tot analitzant el context polític de la segona Restauració. 

A “Intel·lectuals i polítics a les ordres de Prat de la Riba”, Joan Safont aprofita un títol vicensià per a examinar dos aspectes fonamentals: el lideratge equànime de Prat de la Riba, recordat com a genial organitzador, i l’acció dels seus col·laboradors més destacats, que són els que realment van fer brillar la Mancomunitat com un exemple d’eficàcia i esplendor cultural, amb un capítol específic dedicat a la figura paradigmàtica de Jaume Bofill i Mates. Hi desfilen Eugeni d’Ors, Antoni Rovira i Virgili, Pompeu Fabra, Eladi Homs, Alexandre Galí i tot el personal de la Biblioteca de Catalunya, l’Institut d’Estudis Catalans i el personal docent de l’Escola el Treball i l’Escola de Bibliotecàries.

Jordi Casassas revista un tema que ha tractat en multitud de publicacions, “La Mancomunitat i la intel·lectualitat catalana”, aportant detalls sobre corporacions no massa conegudes, com el precedent vuitcentista de la Mancomunitat, la Unión de Corporaciones Científicas, Literarias y Económicas de Barcelona, que va impulsar el líder conservador Manuel Duran i Bas entre 1876 i 1886. Casassas es fixa en elements fonamentals del context polític, com l’esclat de la Primera Guerra Mundial l’any 1914, el moviment noucentista o la deriva intervencionista que era comú a gran part d’Occident quan la Mancomunitat es va constituir. 

A “Marcant estil. Una visió noucentista de la funció pública de la Mancomunitat”, David Martínez Fiol, especialista en el funcionament dels funcionariats català i espanyol entre principis de segle XX i la guerra civil, aplica la seva lent sobre les veritats i les ficcions associades al mite de la Mancomunitat entesa com a una entitat sense màcula. Per exemple, mostra com moltes de les obres que s’atribuïen i s’atribueixen a la Mancomunitat, en realitat van ser impulsades amb el segell de les diputacions que la formaven. Martínez Fiol pensa que “la capacitat per generar llocs de treball públics per part de la Mancomunitat podia ser una forma de competir amb el republicanisme pel control de les classes mitjanes i professionals catalanes”. Alineat més aviat amb la visió escèptica de la Mancomunitat, el capítol desvetlla no poques concepcions exagerades o maniquees en la memòria de la Mancomunitat, que les fonts d’arxiu desmenteixen.

On no hi ha discussió és en el tema que desenvolupa Carles Santacana en el seu treball “Un deure de l’hora present. L’assaig de política esportiva de la Mancomunitat”: l’entitat catalana va prendre la iniciativa a la península a l’hora d’intentar integrar-se en la comunitat olímpica internacional, i a més va elaborar una sèrie de tesis i ponències sobre l’esport i el seu paper cívic i nacionalitzador d’una gran modernitat. Pot semblar que el tema tractat per Santacana és menor, però la seva aportació és de les més interessants del volum, per la seva originalitat i perquè permet recuperar figures completament oblidades com la de l’activista Josep Elias i Juncosa, que no havia gaudit de gran fortuna bibliogràfica.

Isabel Valverde, a “Saludar la capitalitat de la cultura. Entre l’Ajuntament i la Mancomunitat. L’Exposició d’Art Francès i el seu context a la Barcelona de la Primera Guerra Mundial” analitza, en un treball molt complet, molts vectors claus entrecreuats en aquells anys decisius: els moviments museístics que s’estaven desenvolupant a la ciutat, el paper decisiu del pintor Sert, la propaganda aliadòfila que va tenir un centre important a Barcelona, i el tipus d’art que les autoritats catalanes i franceses van promocionar en una exposició que no havia rebut prou atenció historiogràfica. Tanquen el volum una reflexió sobre l’evolució de les concrecions polítiques nacionalistes des de l’òptica dels informes de la diplomàcia francesa, que ha estudiat Arnau González Vilalta, i “El record de la Mancomunitat durant el franquisme”, de Giovanni Cattini, que recull totes les opinions que, des de la fi mateixa de la guerra i els primers moments de l’exili, a Perpinyà, fins les concrecions acadèmiques que es van anar produint durant el franquisme (des de les del falangista García Venero a les de Jesús Pabón i Vicens Vives), passant per les polèmiques que van suscitar les tesis de Jordi Solé Tura.

Tots els capítols aquí reunits són d’una gran qualitat i es poden completar amb obres recents que visiten els mateixos temes: Puig i Cadafalch, president de Catalunya, d’Albert Balcells (Dalmau, 2013); Pàtria i progrés: la Mancomunitat de Catalunya (Comanegra, 2014), d’Agustí Colomines i Aurora MadaulaA la recerca de Prat de la Riba (Pòrtic, 2017), de Joan EsculiesLa voluntat i la quimera. El noucentisme català entre la renaixença i el marxisme (Pòrtic, 2017), de Jordi Casassas. A vegades hom es pregunta per què podent gaudir d’obres historiogràfiques tan exactes el debat públic continua tan presoner de mites i malformacions a casa nostra.

Publicat a La Llança, 30/04/2020 

Classe obrera i qüestió nacional

“De vegades em pregunte si Germania Socialista no va deixar passar l’oportunitat d’haver estructurat un nacionalisme valencià d’esquerra”, Josep Vicent Marqués a Tots els colors del roig, 1997

El Primer de Maig de 1972, Germania Socialista va difondre el fullet La classe treballadora davant l’opressió del País Valencià com a poble. Anàlisi marxista del problema nacional al País Valencià. El document va ser reimprès clandestinament almenys dues vegades: el 1973 i en el número 7 de la revista de Germania Socialista, Bloc Roig, del 1976. No fou fins al 1978 que va ser editat i publicat per Editorial Zero Zyx, en castellà, amb un pròleg de Josep Vicent Marqués, i amb el títol Clase obrera y cuestión nacional. Ara, la Institució Alfons el Magnànim-Centre Valencià d’Estudis i d’Investigació, que dirigeix el professor Vicent Flor, n’ha fet una reedició en català, basada en el text del 1978, i adoptant, també, el títol de de l’edició castellana.

Classe obrera i qüestió nacional era la proposta de Germania Socialista per donar respostes “davant l’oblit de molts marxistes del problema nacional i davant els nacionalismes que no es plantegen aquesta lluita lligada a la de la classe obrera“. Quaranta anys després, aquest text serveix de reflexió per a l’esquerra valenciana i, també, per què no, la catalana. La proposta de Germania socialista continua essent essencial encara avui: la construcció nacional mitjançant l’acció política concreta, des d’una òptica transformadora i amb les classes populars com a protagonistes, com així també defensava el mestre Josep Termes quan va definir la importància del catalanisme popular en la configuració del nacionalisme contemporani, especialment d’esquerra, però no tan sols.

Germania Socialista fou un grup de treball polític valencià que va sorgir al voltant de l’any 1970 dins dels corrents de l’esquerra revolucionària de l’època. Situat en el marxisme heterodox, va fer una important tasca teòrica centrada en el País Valencià i va ser pioner en la integració de reivindicacions polítiques vinculades a l’ecologisme, el feminisme i les noves lluites sorgides del Maig del 68. Aquesta reedició —a cura del professor Vicent Galiana i d’Andrés Gomis Fons, director general de Transparència, Atenció a la Ciutadania i Bon Govern de la Generalitat Valenciana— ens transporta a aquella època i per això incorpora una anàlisi prèvia del també professor, a la URV, Xavier Ferré Trill, per contextualitzar el text i Germania Socialista.

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Todo lo que queríais creer sobre Cataluña era mentira. Todo lo que os explicamos sobre España era verdad

Xavier Diez (@Herodot10), historiador

Existe un gran debate entre historiadores para tratar de comprender las causas que provocaron el hundimiento de la Unión Soviética. En las discusiones, se destacan numerosos factores que los observadores coetáneos constataban -el atraso tecnológico en el ámbito civil, la imposibilidad de seguir el ritmo de la carrera armanentística sin comprometer la viabilidad de la economía doméstica, el desabastecimiento crónico,…- pero existían otros más intangibles, más difíciles de calibrar, pero quizá más relevantes a la hora de explicar la verdadera fragilidad de lo que todos consideraban una superpotencia. La realidad, más allá de toda propaganda y apariencia, es que en los últimos años de la URSS se propagó, a la manera de una epidemia incontrolable, una profunda desmoralización colectiva y una verdadera pérdida de confianza en el sistema, que precipitó un derrumbamiento con efectos devastadores entre millones de soviéticos desengañados ante el comunismo y castigados por el capitalismo salvaje posterior. Es la época en que se popularizó aquella cita tan significativa y que incluso recogió Fernando León de Aranoa en su mítica película Los Lunes al sol. “Todo lo que nos explicaban sobre el comunismo era mentira. Pero todo lo que nos explicaban sobre el capitalismo era verdad.”

Era exactamente así. Cierto monopolio de los medios y la educación según el cual el comunismo resultaba ser el mejor de los mundos posibles contrastaba con una realidad difícilmente digerible. En otros términos, la realidad soviética se fundamentaba en la mentira. Más allá de la retórica revolucionaria, existían desigualdades y un sistema social fundamentado en la ausencia de libertades personales hasta convertir la vida cotidiana en una experiencia frustrante y asfixiante. Eso no significa que no hubiera millones de ciudadanos soviéticos que creyeran, con fe religiosa, en las mentiras que se difundían desde el Kremlin. Pero a medida que se profundizaba la distancia entre mensajes triunfalistas y la dura y cruda realidad, el régimen se tambaleaba, puesto que hasta las mejores mentiras tienen un límite. Y finalmente, el muro, si bien empujado por la disidencia y un incrédulo occidente, acabó cayendo por su propio peso.

No es la primera ni la última potencia que se desploma, desconcertando a cualquier analista. En 2007, el historiador británico John Darwin publicó un interesante libro, El sueño del imperio. Auge y caída de las potencias globales, 1400-2000 (Taurus, 2012) que indagaba sobre el fenómeno de las decadencias que se llevaban por delante a antiguas potencias. A pesar de que existen contextos y factores singulares que ayudan a explicar estos procesos complejos, sí que existe una constante. Las naciones se aguantan en la medida en que existen consensos e intereses compartidos -aunque sean asimétricos- y se disuelven cuando estos factores desaparecen y aparecen ante los ojos de sus súbditos las debilidades y las falsedades sobre los cuales se fundamentaban.

Quien esto escribe no se considera determinista en absoluto, sin embargo, España, “el país más fuerte del mundo porque lleva siglos intentándose destruirse a sí misma sin conseguirlo”, según comentario irónico atribuida a Otto von Bismark, se fundamenta, como la mayoría de naciones del mundo, en ficciones y mentiras. El problema es que la España actual se basa en el mito fundacional de “la democracia que nos dimos” o una Constitución, la de 1978, que nació entre sables, se redactó entre grandes presiones de los poderes fácticos, se aprobó con grandes irregularidades en el censo, sin otra alternativa, y que, en el fondo, resultó ser la continuación del franquismo por medios democráticos. Aun así, funcionó durante varias décadas. El consentimiento de los gobernados, ya fuera por la necesidad de creer en la democracia, ya fuera por miedo, ya fuera por ilusión, funcionó mientras el estado profundo se retiró a la discreción de las cavernas, los cuarteles, los juzgados o las sacristías. Pero esta década que dejamos atrás ha resultado ser letal. La involución respecto a libertades democráticas, el saqueo de los ahorros populares producido por la banca, las reformas laborales que han empujado a los trabajadores españoles a los peores grados de degradación y precariedad continental, los escándalos económicos y morales protagonizados por la familia real, la represión contra la disidencia o la salida del armario de los grupúsculos fascistas reconvertidos en partidos políticos y aplaudidos y promocionados por unos medios de comunicación que jalean la violencia contra quien es o piensa diferente, han desnudado un régimen que por algún tiempo aparentó ser una democracia.

Pero quizá en este contexto de degradación democrática, ya surgidos desde la primera mayoría absoluta de Aznar, lo que ha resultado ser la principal prueba de estrés a la que se ha sometido la democracia española ha sido el “procés catalán”. El independentismo, que pasó en poco más de una década, de un quince a un cincuenta por ciento (sesenta si contabilizamos a los nacidos en Cataluña), no deja de representar una expresión política que sirve para desmontar la mentira de la democracia española. Muchos independentistas consideraron que la ruptura con el reino de España era la mejor manera de asegurar un sistema político decrépito cuyas instituciones se disuelven aceleradamente, en el que el franquismo emerge de las catacumbas, y pilares básicos del estado como la policía o la judicatura se han conjurado para aplicar un lawfare impropio de cualquier país europeo. Cualquier espectador que haya visionado la recomendable película de Roman Polanski “El oficial y el espía” podrá hallar inquietantes paralelismos en la manipulación de pruebas, la bancarrota del sistema mediático y judicial, la prevaricación o la miseria moral disfrazadas de patriotismo del que ha abusado la España de 2017-2020. En todo este patético contexto en el que se mantiene en la cárcel a disidentes por cargos inventados en una parodia de juicio, España parece autodestruirse a partir de una nueva autarquía judicial ante una Europa escandalizada por la deriva inquisitorial y la resurrección de las invenciones historiográficas del XIX como los mitos de la Reconquista, la visión teleológica de España y un anhelo de recentralización que lo que ha hecho ha sido polarizar un país que, por mucha banderita que camufle sus vergüenzas, se odia a si mismo.

Es cierto, la “rojigualda” ha servido en cierta manera como venda en los ojos para negarse a ver lo que sucedía con Cataluña, una lucha democrática para detener la deriva autoritaria iniciada con Aznar. Pero la formación del último gobierno español ha servido precisamente para exhibir a todo el mundo aquella dimensión trágica y autodestructiva que Alejandro Amenábar ha retratado en forma de película. Para evitar un gobierno con presencia de una izquierda (como es el espectro Podemos y los restos del naufragio del PCE) que, sin exageración alguna, podríamos considerar como moderada, e incluso conservadora. Pero en las últimas semanas, para evitar ese gobierno de coalición (tildado de rojo-masón-marxista-separatista), hemos asistido a rogativas por parte de una iglesia ultramontana, llamadas al golpismo por parte de uniformados, amenazas en la calle (penoso el episodio de asedio al diputado de Teruel existe), la ultraderecha exhibiéndose impunemente en las calles y con varios pies en las instituciones y tribunas en los medios. En fin, la involución de la última década, fundamentada en el uso torticero de leyes y tribunales, e incluso de una reinventada constitución que se alude para prohibir, restringir o reprimir, ha convertido España en una piscifactoría de pirañas. No hay más que ver el comportamiento indigno de decenas de diputados conservadores insultando, intimidando y amenazando a quienes no piensan como ellos. La crispación inoculada por los hijos del franquismo que, durante los ochenta y noventa habían quedado en segundo plano, han tomado los megáfonos y tratan de disputar las calles, con cobertura policial, jurídica y mediática.

Y, efectivamente, en muy pocos meses, España ha perdido el prestigio que había tardado décadas en conseguir. Y ahora, como durante los sesenta o inicios de los setenta del siglo pasado, una España que reprime la disidencia y que se siente profundamente insegura, se ha convertido definitivamente de la Turquía occidental, que quizá todavía posee algunos recursos menguantes para comprar espacios en la prensa (España Global) o sobornando o intimidando algunos funcionarios europeos, como hace regularmente Arabia Saudí. Pero el algodón de los presos políticos y los exiliados no engaña, puesto que son ellos los que venían alertando de esta deriva suicida de una España que trata de creerse sus propios mitos (incluso el tan apolillado Don Pelayo), y que dejan claro que este país se está haciendo daño a sí mismo. Ya sé que los prejuicios contra unos catalanes que nunca han sido aceptados como lo que son, una nación diferenciada de la castellana, que es la que ocupa la hegemonía de la identidad española, ha supuesto una venda en los ojos, y sobre todo, unos tapones en los oídos para no escuchar ciertas verdades incómodas. Pero todo lo que buena parte de los españoles querían creer sobre los catalanes (los mitos del supremacismo, el egoísmo,…) era mentira. Sin embargo, todo lo que los independentistas explicaban sobre España (que no es una verdadera democracia, que el Estado está ocupado por el franquismo fáctico e ideológico) era verdad. Muchos españoles de izquierdas, viendo las rogativas de un clero reaccionario o las impunes amenazas fascistas, empiezan a darse cuenta del problema. Evidentemente, no hay nada más letal y disolvente para la viabilidad de un Estado que sus mentiras se hagan evidentes. El emperador desfila desnudo, y aunque el niño que lo señala sea catalán, y por tanto, silenciado por los medios y boicoteado por los prejuicios, es cuestión de tiempo que todo el mundo se dé cuenta. Bueno, de hecho, todo el mundo se está dando cuenta, aunque la mayoría de españoles estén tardando bastante en reconocerlo.

Postdata:

Queridos Trolls. Ya sé que algunos de vosotros os indignaréis con este artículo, y probablemente os veréis tentados de constatarlo en vuestros comentarios. Tenéis, por supuesto, todo el derecho a hacerlo. Pero quizá, para haceros reflexionar, comparto una confiencia. A menudo muchos os preguntaréis cómo es posible que con cero apellidos catalanes y ninguno de mis abuelos nacido en Cataluña me haya pasado, como tantos otros, a defender la ruptura con vuestro país. Y sí, ha sido en muchos de los comentarios de desprecio, profundamente ofensivos, que vengo leyendo desde hace veinte años en cualquier noticia referida a Cataluña. Me sorprendió, primero; me entristeció después y me aleccionó finalmente que la incapacidad de aceptar una realidad incómoda se tradujera en una exhibición de prejuicios tan indocumentados que solamente pueden estar motivados a medias por la atrevida ignorancia y el estéril resentimiento. Pero quizá lo que más me molestó es que tantos y tantos comentarios insultantes no fueran nunca rebatidos por nadie con suficiente autoridad moral para poner en evidencia el simple hecho que, quien siembra vientos, acaba cosechando tempestades. Que sepáis que poseéis una responsabilidad a la hora cuestionar la viabilidad de vuestro país, mucho mayor que quienes fuimos a votar el 1 de octubre para expresar nuestra determinación por divorciarnos de vosotros.

Xavier Diez és membre del nostre grup de recerca. Aquest article va ser publicat el 13/01/2020 a Diario16.

Saharaui, un pueblo abandonado

 

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Alberto Maestre y Agustí Colomines

El pasado día 9 presentamos Un Pueblo Abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental, en los locales de La Casa del Libro en la emblemática Rambla Cataluña de Barcelona.

Presentar el libro en uno de los locales que posee dicha cadena de librerías, representó un hito de primer orden, puesto que estamos refiriéndonos a una de las más importantes de España.

Por : Alberto Maestre Fuentes

La sala de conferencias estaba en consonancia a la importancia de La Casa del Libro, es decir, es inmensa. Reconozco que días antes tenía mis dudas de que se pudiera llenar dado el tamaño de la misma, pero mis temores resultaron ser inciertos puesto que hubo gran asistencia de público.

Entre los presentes cabría destacar al Delegado del Frente Polisario en Cataluña, representantes del Ayuntamiento, de distintas organizaciones pro saharauis, sobrevivientes de la represión marroquí, escritores, periodistas y muchos amigos del pueblo saharaui y también, todo hay que decirlo, mis incondicionales familiares y amistades que nunca se pierden ninguna de mis presentaciones.

Me presentó el profesor, el Doctor Agustí Colomines que como siempre causó sensación entre todos nosotros. Tengo que señalar que el Dr. Colomines fue tutor y director de mi tesis doctoral, de la que es reflejo este libro y que, gracias a sus consejos y enseñanzas, pude culminar satisfactoriamente mis estudios de doctorado.

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Le debo una gratitud inmensa que nunca podré olvidar. Y así abusando de la confianza del que fuera mi profesor, tutor y director, una vez más presentó mi obra. Después de su brillante intervención, realicé mi modesta presentación explicando la importancia de dar visibilidad a este conflicto de descolonización pendiente para así,  ayudar a su resolución definitiva, puesto que al concienciar a la población de la existencia del mismo, se podría ejercer una presión importante para conseguir una solución que, siempre deberá pasar, por el derecho reconocido internacionalmente al pueblo saharaui a su autodeterminación.

Finalmente, como no podría ser de otra manera, gracias a las personas que se encontraban presentes, se generó un debate muy interesante y constructivo. Todos coincidimos en la falta de noticias en los medios de comunicación sobre la última colonia de África y, como esto, beneficia tanto a los ocupantes marroquíes, como a los responsables de la existencia de la misma, es decir a las autoridades españolas.

Silenciar que existe un problema de descolonización, que hay un pueblo que tiene reconocido su derecho a la autodeterminación y, que vive en cambio refugiado más de 43 años fuera de su tierra, no lo ayuda en absoluto.

Por eso la importancia de estos actos y que esta obra científica que, destapa todos los engaños infringidos por parte de España al noble pueblo saharaui, vaya colocándose entre las principales librerías.

Por mí no quedará que este conflicto olvidado salga a la luz de una vez por todas, y haré todas las presentaciones que me propongan para que así sea.

No hay que olvidar que silenciar una ocupación ilegal te hace también cómplice de la misma pues beneficia a los ocupantes en detrimento de un pueblo.

Publicado en diario elminuto, 12/01/2019. Ver también: Bubisher.

El Sàhara, un poble abandonat

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Resultat de la seva tesi doctoral, dirigida pel Dr. Agustí Colomines, el Dr. Alberto Maestre, membre del GRENPoC, presenta el seu llibre, Un pueblo abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental (Chiado Books), el divendre 28 de setembre, a les 19h., a la Llibreria La Central del Raval. L’acte serà introduït pel professor Giovanni Cattini.

“A [Dios] rogando y con el mazo dando”, nou article d’Agustí Colomines

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Pongo a Dios entre corchetes porque soy laico. Me molesta la intrusión de las religiones en el espacio público, aunque sus trazos se reconozcan aquí y allá sorteando lo que yo piense. La religión se cuela en los refranes y es evidente en el conjunto de iglesias, catedrales y mezquitas que se extienden por pueblos y ciudades, sin obviar las fiestas y tradiciones varias que inundan el calendario. La religión católica forma parte de la cultura antropológica del pedazo de mundo que me tocó en suerte. A pesar de que la religión es una fe individual, íntima, privada, sin embargo se manifiesta en el espacio público. Es por eso que los gobiernos tienen la obligación de intervenir, no para fomentar una iglesia nacional, como pasó con el nacionalcatolicismo franquista, sino para regular sus derechos y sus excesos.

Lo mismo ocurre con la historia. En todas partes se está incubando el virus que amenaza con destruir monumentos conmemorativos de la historia del siglo XIX, especialmente. Es, según dicen los que fomentan esta epidemia, la manifestación plástica del combate por la hegemonía histórico-ideológica del pasado. George Orwell ya predijo que algo así ocurriría en la sociedad totalitaria que anunció para 1984: “Every record has been destroyed or falsified, every book rewritten, every picture has been repainted, every statue and street building has been renamed, every date has been altered. And the process is continuing day by day and minute by minute. History has stopped. Nothing exists except an endless present in which the Party is always right.” Lo que para Orwell era una pesadilla ha tardado un poco más en llegar, pero aquí está.

Que el presente condiciona cómo encaramos hoy el pasado y qué nos interesa de él, te lo enseñan en el primer curso de la carrera de historia. No es una novedad. Es, digamos, lo normal en la forma de trabajar de los historiadores. Lo anormal es querer substituir lo que pasó, representado simbólicamente por monumentos o tradiciones, por lo políticamente correcto hoy en día. ¿Es menos estúpido el argumento para justificar la retirada del monumento dedicado a Antonio López, ubicado al final que la vía Layetana, frente a uno de los laterales de la lonja de Barcelona, que el que utilizó Donald Trump para justificar la violencia de los supremacistas blancos en Charlottesville, Virginia, cuando se manifestaron en contra de que se removiese la estatua ecuestre del general confederado Robert E. Lee?

En todas partes cuecen habas. El nombre de Robert E. Lee está inmortalizado en decenas de escuelas, carreteras, edificios y monumentos de todo el sur de Estados Unidos, como Cristóbal Colón está presente en un sinfín de monumentos erigidos en ciudades latinoamericanas y norteamericanas. También en Barcelona existe un monumento dedicado al “descubridor”, cuyo derribo solo ha exigido, por lo menos hasta el momento, la CUP por “coherencia discursiva e ideológica”, dicen, tras el anuncio del Gobierno de Ada Colau de que trasladará la estatua de Antonio López de su plaza al museo Frederic Marès. Se trata, según ellos, de que la retirada de las estatuas de López y Colón “sea el principio de la retirada de muchos otros monumentos fascistas y clasistas de la ciudad”. El abuso de la historia es innegable. ¿Por qué no derribamos el Arco de Triunfo del paseo Lluís Companys? Al fin y al cabo es un monumento erigido en 1888 para celebrar la modernidad capitalista de la Exposición Universal? ¿Es que los concejales del Ayuntamiento barcelonés no se han dado cuenta de que los relieves laterales simbolizan, a un lado, la Agricultura y la Industria y el Comercio y el Arte en el otro, y de que encima de ese arco triunfal están esculpidos los escudos de las 49 provincias españolas presididos por el escudo de armas de Barcelona? ¿Lo derribamos al grito de abajo el capitalismo y todo lo que huela a español?

Los políticos no saben historia, como ya lamentaba Josep Benet, solo la usan cuando les conviene. En los Estados Unidos, un país con una larga historia si se tuviera en cuenta el pasado de las naciones indias, el debate sobre el monumento dedicado a Cristóbal Colón es tan estúpido como el que promueven algunos políticos e historiadores en estos lares. Vean lo que dijo la portavoz del alcalde Nueva York, Melissa Mark-Viverito, este mes de agosto refiriéndose al monumento colombino que preside Columbus Circle, a la entrada de Central Park, al lado del Trump International Hotel & Tower (¡horror!): “There obviously has been ongoing dialogue and debate in the Caribbean — particularly in Puerto Rico where I’m from — about this same conversation that there should be no monument or statue of Christopher Columbus based on what he signifies to the native population . . . [the] oppression and everything that he brought with him”. “Bullshit”, le hubiera respondido si hubiese estado presente en esa rueda de prensa.

Barcelona, como otras muchas ciudades del mundo, es un museo del siglo XIX al aire libre. Les recomiendo el libro de mi amiga Judit Subirachs, especializada en escultura catalana de los siglos XIX y XX, L’escultura del segle XIX a Catalunya. Del Romanticisme al Realisme (1994), y podrán comprobar por ustedes mismos que no solo Barcelona es un archivo de la memoria que se puede ver a simple vista, paseando. El problema es que aquí, a diferencia de Boston, por ejemplo, los itinerarios turísticos históricos se reducen a Gaudí y al modernismo. Barcelona es un compendio de historias que no sabemos aprovechar. Andas por las calles de Berlín y miras al suelo y el antiguo muro está indicado por todas partes. Andas por las rondas de San Pedro, Universidad y San Antonio y no hay forma de que el transeúnte se dé cuenta que transita por las antiguas murallas que se vinieron abajo por la exigencia popular durante la Revolución democrática de 1868.

Eso era lo que quisimos paliar desde la Cátedra Josep Termes cuando hace años presentamos un proyecto de musealización urbana de la Barcelona del siglo XIX al programa RecerCaixa, la línea de ayudas a la investigación de la Obra Social de la Caixa. No logramos que nos tuvieran en cuenta y ahí está nuestra propuesta, durmiendo el sueño de los justos sin encontrar patrocinador. Es verdad que hoy en dìa sería difícil de aplicar con un consistorio dominado por la incultura y un comisionado para los asuntos de la memoria que está más preocupado por montar escándalos y promover a sus amigos que por la historia. Su misión sigue siendo promover una memoria pública oficial con la que ya soñaron los franquistas y que ahora es objeto del deseo de izquierdistas de tres al cuarto que quisieran convertir la catedral en un centro cívico.

El dret d’autodeterminació al segle XXI

Els propers dies 13 i 14 de juliol tindrà lloc a l’aula 1 del CCCB les Jornades sobre el dret d’autodeterminació al segle XXI, organitzades pel Centre d’Estudis de Temes Contemporanis (CETC) del Departament d’Afers i Relacions Institucionals i Exteriors de la Generalitat de Catalunya. Hi participaran prestigiosos acadèmics d’arreu del món. Aquí teniu el programa:

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Podeu formalitzar les inscripcions a: cetc.exteriors@gencat.cat o bé trucant al 938 876 370.

Simposi sobre el Congrés de Cultura Catalana de 1977

Programa Simposi

El Simposi tindrà lloc el dia 29 de juny a la tarda i el 30 de juny tot el dia a la seu de l’Institut d’Estudis Catalans (C. del Carmes 47, barcelona) i compatarà amb la participació dels nostre IP i director de la Càtedra Josep Termes, el Dr. Agustí Colomines.

La inscripció és gratuïta i podeu fer-ho omplint el següent formulari: cliqueu aquí

Programa:

Dijous 29 de juny:
  •  19.oo h. Inauguració del Simposi a càrrec de Joandomènech Ros, President de l’IEC, de Miquel Strubell, President de la Fundació Congrés de Cultura Catalana i de Jaume Ribera, President de la Fundació Antigues Caixes Catalanes.
  • 19.15 h. Conferència inaugural a càrrec de Ramon Folch.

En acabar es servirà una copa de cava.

Divendres 30 de juny:

9.00 h – 10.30 h. 1a Sessió: Els límits de la Transició als Països Catalans. 

  • Ponents: Sebastià Serra, Jordi Casassas, Ferran Archilés.
  • Modera: Jaume Claret.

10.30 h – 12.00 h. 2a Sessió: El Congrés de Cultura Catalana, el debat des del territori. 

  • Ponents: Mercè Picornell, Gustau Muñoz, Lluís Duran.
  • Modera: Giovanni Cattini.

12.00 h – 12.30 h. Pausa- cafè. 

12.30 h – 13.30 h. Comunicacions:

Introdueix: Ivan Serrano.

  • David Paloma. La concreció de la llengua estàndard: algunes observacions sobre l’herència del Congrés.
  • Francesc Marco. L’herència personal del Congrés de Cultura Catalana: perfils i trajectòries.
  • Martí Serra. L’actualitat de la qüestió territorial en el Congrés de Cultura Catalana.
  • Sarah Jumel. La lluita per la democratització en el marc del Congrés de Cultura Catalana. 

13.30 h – 15.00 h. Dinar.

15.00 h – 16.30 h. 3a Sessió: Els continguts del Congrés de Cultura Catalana i la seva vigència.

Ponents:

  • Isidor Marí: Llengua i Cultura.
  • Josep M. Carreras: Economia i Territori.
  • Imma Tubella: Educació i Recerca.
  • Enric Pujol: Institucions.

Modera: Montserrat Tresserra.

16.30 h – 16.50 h. Pausa – cafè.

17.00 h – 18.30 h. 4a Sessió: Els congressistes dins del Congrés.

Ponents:

  • Agustí Colomines. El Congrés de la Joventut Catalana.
  • Pere Manzanares. El Congrés des de Catalunya Nord.
  • Ramon Espasa. L’àmbit de treball d’Estructura Sanitària.
  • Anna Balletbò. El Congrés i la premsa.

Modera: Agustí Alcoberro.

18.30 h. Cloenda i relatoria final a càrrec de Marta Rovira i Martínez.

COMITÈ CIENTÍFIC:

Agustí Alcoberro, Lluís Duran, Montserrat Treserra, Jaume Subirana, Jaume Claret, Ivan Serrano, Isidor Marí, Enric Pujol, Giovanni Cattini.

ENTITATS I GRUPS DE RECERCA COL·LABORADORS:

Institut d’Estudis Catalans (IEC).

Institut Ramon Muntaner (IRMU). 

Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana.

Mirmanda

IdentiCat (UOC)

GEHCI (UB) – Grup d’Estudis d’Història de la Cultura i dels Intel·lectuals

CEFID (UAB) – Centre d’Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica 

Càtedra Josep Termes (UB)

GECIEC (UdL) – Grup d’Estudis de la Cultura i de les Identitats a l’Europa Contemporània

 

 

 

Between accommodation and secession: Explaining the shifting territorial goals of nationalist parties in the Basque Country and Catalonia

In this article, Anwen Elias and Ludger Mees examines the shifting territorial goals of two of the most electorally successful and politically relevant nationalist parties in Spain: the Partido NacionalistaVasco (PNV) and Convergència i Unió (CiU). Whilst both parties have often co-operated to challenge the authority of the Spanish state, their territorial goals have varied over time and from party to party. We map these changes and identify key drivers of territorial preferences; these include party ideology, the impact of the financial crisis, the territorial structure of the state, party competition, public opinion, government versus opposition, the impact of multi-level politics and the particularities of party organisation. These factors interact to shape what nationalist parties say and do on core territorial issues, and contribute to their oscillation between territorial accommodation and secession. However, the way in which these factors play out is highly context-specific, and this accounts for the different territorial preferences of the PNV and CiU. These findings advance our understanding of persistent territorial tensions in Spain, and provide broader theoretical insights into the internal and external dynamics that determine the territorial positioning of stateless nationalist and regionalist parties in plurinational states.  See full article, here.