Todo lo que queríais creer sobre Cataluña era mentira. Todo lo que os explicamos sobre España era verdad

Xavier Diez (@Herodot10), historiador

Existe un gran debate entre historiadores para tratar de comprender las causas que provocaron el hundimiento de la Unión Soviética. En las discusiones, se destacan numerosos factores que los observadores coetáneos constataban -el atraso tecnológico en el ámbito civil, la imposibilidad de seguir el ritmo de la carrera armanentística sin comprometer la viabilidad de la economía doméstica, el desabastecimiento crónico,…- pero existían otros más intangibles, más difíciles de calibrar, pero quizá más relevantes a la hora de explicar la verdadera fragilidad de lo que todos consideraban una superpotencia. La realidad, más allá de toda propaganda y apariencia, es que en los últimos años de la URSS se propagó, a la manera de una epidemia incontrolable, una profunda desmoralización colectiva y una verdadera pérdida de confianza en el sistema, que precipitó un derrumbamiento con efectos devastadores entre millones de soviéticos desengañados ante el comunismo y castigados por el capitalismo salvaje posterior. Es la época en que se popularizó aquella cita tan significativa y que incluso recogió Fernando León de Aranoa en su mítica película Los Lunes al sol. “Todo lo que nos explicaban sobre el comunismo era mentira. Pero todo lo que nos explicaban sobre el capitalismo era verdad.”

Era exactamente así. Cierto monopolio de los medios y la educación según el cual el comunismo resultaba ser el mejor de los mundos posibles contrastaba con una realidad difícilmente digerible. En otros términos, la realidad soviética se fundamentaba en la mentira. Más allá de la retórica revolucionaria, existían desigualdades y un sistema social fundamentado en la ausencia de libertades personales hasta convertir la vida cotidiana en una experiencia frustrante y asfixiante. Eso no significa que no hubiera millones de ciudadanos soviéticos que creyeran, con fe religiosa, en las mentiras que se difundían desde el Kremlin. Pero a medida que se profundizaba la distancia entre mensajes triunfalistas y la dura y cruda realidad, el régimen se tambaleaba, puesto que hasta las mejores mentiras tienen un límite. Y finalmente, el muro, si bien empujado por la disidencia y un incrédulo occidente, acabó cayendo por su propio peso.

No es la primera ni la última potencia que se desploma, desconcertando a cualquier analista. En 2007, el historiador británico John Darwin publicó un interesante libro, El sueño del imperio. Auge y caída de las potencias globales, 1400-2000 (Taurus, 2012) que indagaba sobre el fenómeno de las decadencias que se llevaban por delante a antiguas potencias. A pesar de que existen contextos y factores singulares que ayudan a explicar estos procesos complejos, sí que existe una constante. Las naciones se aguantan en la medida en que existen consensos e intereses compartidos -aunque sean asimétricos- y se disuelven cuando estos factores desaparecen y aparecen ante los ojos de sus súbditos las debilidades y las falsedades sobre los cuales se fundamentaban.

Quien esto escribe no se considera determinista en absoluto, sin embargo, España, “el país más fuerte del mundo porque lleva siglos intentándose destruirse a sí misma sin conseguirlo”, según comentario irónico atribuida a Otto von Bismark, se fundamenta, como la mayoría de naciones del mundo, en ficciones y mentiras. El problema es que la España actual se basa en el mito fundacional de “la democracia que nos dimos” o una Constitución, la de 1978, que nació entre sables, se redactó entre grandes presiones de los poderes fácticos, se aprobó con grandes irregularidades en el censo, sin otra alternativa, y que, en el fondo, resultó ser la continuación del franquismo por medios democráticos. Aun así, funcionó durante varias décadas. El consentimiento de los gobernados, ya fuera por la necesidad de creer en la democracia, ya fuera por miedo, ya fuera por ilusión, funcionó mientras el estado profundo se retiró a la discreción de las cavernas, los cuarteles, los juzgados o las sacristías. Pero esta década que dejamos atrás ha resultado ser letal. La involución respecto a libertades democráticas, el saqueo de los ahorros populares producido por la banca, las reformas laborales que han empujado a los trabajadores españoles a los peores grados de degradación y precariedad continental, los escándalos económicos y morales protagonizados por la familia real, la represión contra la disidencia o la salida del armario de los grupúsculos fascistas reconvertidos en partidos políticos y aplaudidos y promocionados por unos medios de comunicación que jalean la violencia contra quien es o piensa diferente, han desnudado un régimen que por algún tiempo aparentó ser una democracia.

Pero quizá en este contexto de degradación democrática, ya surgidos desde la primera mayoría absoluta de Aznar, lo que ha resultado ser la principal prueba de estrés a la que se ha sometido la democracia española ha sido el “procés catalán”. El independentismo, que pasó en poco más de una década, de un quince a un cincuenta por ciento (sesenta si contabilizamos a los nacidos en Cataluña), no deja de representar una expresión política que sirve para desmontar la mentira de la democracia española. Muchos independentistas consideraron que la ruptura con el reino de España era la mejor manera de asegurar un sistema político decrépito cuyas instituciones se disuelven aceleradamente, en el que el franquismo emerge de las catacumbas, y pilares básicos del estado como la policía o la judicatura se han conjurado para aplicar un lawfare impropio de cualquier país europeo. Cualquier espectador que haya visionado la recomendable película de Roman Polanski “El oficial y el espía” podrá hallar inquietantes paralelismos en la manipulación de pruebas, la bancarrota del sistema mediático y judicial, la prevaricación o la miseria moral disfrazadas de patriotismo del que ha abusado la España de 2017-2020. En todo este patético contexto en el que se mantiene en la cárcel a disidentes por cargos inventados en una parodia de juicio, España parece autodestruirse a partir de una nueva autarquía judicial ante una Europa escandalizada por la deriva inquisitorial y la resurrección de las invenciones historiográficas del XIX como los mitos de la Reconquista, la visión teleológica de España y un anhelo de recentralización que lo que ha hecho ha sido polarizar un país que, por mucha banderita que camufle sus vergüenzas, se odia a si mismo.

Es cierto, la “rojigualda” ha servido en cierta manera como venda en los ojos para negarse a ver lo que sucedía con Cataluña, una lucha democrática para detener la deriva autoritaria iniciada con Aznar. Pero la formación del último gobierno español ha servido precisamente para exhibir a todo el mundo aquella dimensión trágica y autodestructiva que Alejandro Amenábar ha retratado en forma de película. Para evitar un gobierno con presencia de una izquierda (como es el espectro Podemos y los restos del naufragio del PCE) que, sin exageración alguna, podríamos considerar como moderada, e incluso conservadora. Pero en las últimas semanas, para evitar ese gobierno de coalición (tildado de rojo-masón-marxista-separatista), hemos asistido a rogativas por parte de una iglesia ultramontana, llamadas al golpismo por parte de uniformados, amenazas en la calle (penoso el episodio de asedio al diputado de Teruel existe), la ultraderecha exhibiéndose impunemente en las calles y con varios pies en las instituciones y tribunas en los medios. En fin, la involución de la última década, fundamentada en el uso torticero de leyes y tribunales, e incluso de una reinventada constitución que se alude para prohibir, restringir o reprimir, ha convertido España en una piscifactoría de pirañas. No hay más que ver el comportamiento indigno de decenas de diputados conservadores insultando, intimidando y amenazando a quienes no piensan como ellos. La crispación inoculada por los hijos del franquismo que, durante los ochenta y noventa habían quedado en segundo plano, han tomado los megáfonos y tratan de disputar las calles, con cobertura policial, jurídica y mediática.

Y, efectivamente, en muy pocos meses, España ha perdido el prestigio que había tardado décadas en conseguir. Y ahora, como durante los sesenta o inicios de los setenta del siglo pasado, una España que reprime la disidencia y que se siente profundamente insegura, se ha convertido definitivamente de la Turquía occidental, que quizá todavía posee algunos recursos menguantes para comprar espacios en la prensa (España Global) o sobornando o intimidando algunos funcionarios europeos, como hace regularmente Arabia Saudí. Pero el algodón de los presos políticos y los exiliados no engaña, puesto que son ellos los que venían alertando de esta deriva suicida de una España que trata de creerse sus propios mitos (incluso el tan apolillado Don Pelayo), y que dejan claro que este país se está haciendo daño a sí mismo. Ya sé que los prejuicios contra unos catalanes que nunca han sido aceptados como lo que son, una nación diferenciada de la castellana, que es la que ocupa la hegemonía de la identidad española, ha supuesto una venda en los ojos, y sobre todo, unos tapones en los oídos para no escuchar ciertas verdades incómodas. Pero todo lo que buena parte de los españoles querían creer sobre los catalanes (los mitos del supremacismo, el egoísmo,…) era mentira. Sin embargo, todo lo que los independentistas explicaban sobre España (que no es una verdadera democracia, que el Estado está ocupado por el franquismo fáctico e ideológico) era verdad. Muchos españoles de izquierdas, viendo las rogativas de un clero reaccionario o las impunes amenazas fascistas, empiezan a darse cuenta del problema. Evidentemente, no hay nada más letal y disolvente para la viabilidad de un Estado que sus mentiras se hagan evidentes. El emperador desfila desnudo, y aunque el niño que lo señala sea catalán, y por tanto, silenciado por los medios y boicoteado por los prejuicios, es cuestión de tiempo que todo el mundo se dé cuenta. Bueno, de hecho, todo el mundo se está dando cuenta, aunque la mayoría de españoles estén tardando bastante en reconocerlo.

Postdata:

Queridos Trolls. Ya sé que algunos de vosotros os indignaréis con este artículo, y probablemente os veréis tentados de constatarlo en vuestros comentarios. Tenéis, por supuesto, todo el derecho a hacerlo. Pero quizá, para haceros reflexionar, comparto una confiencia. A menudo muchos os preguntaréis cómo es posible que con cero apellidos catalanes y ninguno de mis abuelos nacido en Cataluña me haya pasado, como tantos otros, a defender la ruptura con vuestro país. Y sí, ha sido en muchos de los comentarios de desprecio, profundamente ofensivos, que vengo leyendo desde hace veinte años en cualquier noticia referida a Cataluña. Me sorprendió, primero; me entristeció después y me aleccionó finalmente que la incapacidad de aceptar una realidad incómoda se tradujera en una exhibición de prejuicios tan indocumentados que solamente pueden estar motivados a medias por la atrevida ignorancia y el estéril resentimiento. Pero quizá lo que más me molestó es que tantos y tantos comentarios insultantes no fueran nunca rebatidos por nadie con suficiente autoridad moral para poner en evidencia el simple hecho que, quien siembra vientos, acaba cosechando tempestades. Que sepáis que poseéis una responsabilidad a la hora cuestionar la viabilidad de vuestro país, mucho mayor que quienes fuimos a votar el 1 de octubre para expresar nuestra determinación por divorciarnos de vosotros.

Xavier Diez és membre del nostre grup de recerca. Aquest article va ser publicat el 13/01/2020 a Diario16.

Saharaui, un pueblo abandonado

 

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Alberto Maestre y Agustí Colomines

El pasado día 9 presentamos Un Pueblo Abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental, en los locales de La Casa del Libro en la emblemática Rambla Cataluña de Barcelona.

Presentar el libro en uno de los locales que posee dicha cadena de librerías, representó un hito de primer orden, puesto que estamos refiriéndonos a una de las más importantes de España.

Por : Alberto Maestre Fuentes

La sala de conferencias estaba en consonancia a la importancia de La Casa del Libro, es decir, es inmensa. Reconozco que días antes tenía mis dudas de que se pudiera llenar dado el tamaño de la misma, pero mis temores resultaron ser inciertos puesto que hubo gran asistencia de público.

Entre los presentes cabría destacar al Delegado del Frente Polisario en Cataluña, representantes del Ayuntamiento, de distintas organizaciones pro saharauis, sobrevivientes de la represión marroquí, escritores, periodistas y muchos amigos del pueblo saharaui y también, todo hay que decirlo, mis incondicionales familiares y amistades que nunca se pierden ninguna de mis presentaciones.

Me presentó el profesor, el Doctor Agustí Colomines que como siempre causó sensación entre todos nosotros. Tengo que señalar que el Dr. Colomines fue tutor y director de mi tesis doctoral, de la que es reflejo este libro y que, gracias a sus consejos y enseñanzas, pude culminar satisfactoriamente mis estudios de doctorado.

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Le debo una gratitud inmensa que nunca podré olvidar. Y así abusando de la confianza del que fuera mi profesor, tutor y director, una vez más presentó mi obra. Después de su brillante intervención, realicé mi modesta presentación explicando la importancia de dar visibilidad a este conflicto de descolonización pendiente para así,  ayudar a su resolución definitiva, puesto que al concienciar a la población de la existencia del mismo, se podría ejercer una presión importante para conseguir una solución que, siempre deberá pasar, por el derecho reconocido internacionalmente al pueblo saharaui a su autodeterminación.

Finalmente, como no podría ser de otra manera, gracias a las personas que se encontraban presentes, se generó un debate muy interesante y constructivo. Todos coincidimos en la falta de noticias en los medios de comunicación sobre la última colonia de África y, como esto, beneficia tanto a los ocupantes marroquíes, como a los responsables de la existencia de la misma, es decir a las autoridades españolas.

Silenciar que existe un problema de descolonización, que hay un pueblo que tiene reconocido su derecho a la autodeterminación y, que vive en cambio refugiado más de 43 años fuera de su tierra, no lo ayuda en absoluto.

Por eso la importancia de estos actos y que esta obra científica que, destapa todos los engaños infringidos por parte de España al noble pueblo saharaui, vaya colocándose entre las principales librerías.

Por mí no quedará que este conflicto olvidado salga a la luz de una vez por todas, y haré todas las presentaciones que me propongan para que así sea.

No hay que olvidar que silenciar una ocupación ilegal te hace también cómplice de la misma pues beneficia a los ocupantes en detrimento de un pueblo.

Publicado en diario elminuto, 12/01/2019. Ver también: Bubisher.

El Sàhara, un poble abandonat

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Resultat de la seva tesi doctoral, dirigida pel Dr. Agustí Colomines, el Dr. Alberto Maestre, membre del GRENPoC, presenta el seu llibre, Un pueblo abandonado. Los engaños en la descolonización del Sahara Occidental (Chiado Books), el divendre 28 de setembre, a les 19h., a la Llibreria La Central del Raval. L’acte serà introduït pel professor Giovanni Cattini.

El dret d’autodeterminació al segle XXI

Els propers dies 13 i 14 de juliol tindrà lloc a l’aula 1 del CCCB les Jornades sobre el dret d’autodeterminació al segle XXI, organitzades pel Centre d’Estudis de Temes Contemporanis (CETC) del Departament d’Afers i Relacions Institucionals i Exteriors de la Generalitat de Catalunya. Hi participaran prestigiosos acadèmics d’arreu del món. Aquí teniu el programa:

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Podeu formalitzar les inscripcions a: cetc.exteriors@gencat.cat o bé trucant al 938 876 370.

Simposi sobre el Congrés de Cultura Catalana de 1977

Programa Simposi

El Simposi tindrà lloc el dia 29 de juny a la tarda i el 30 de juny tot el dia a la seu de l’Institut d’Estudis Catalans (C. del Carmes 47, barcelona) i compatarà amb la participació dels nostre IP i director de la Càtedra Josep Termes, el Dr. Agustí Colomines.

La inscripció és gratuïta i podeu fer-ho omplint el següent formulari: cliqueu aquí

Programa:

Dijous 29 de juny:
  •  19.oo h. Inauguració del Simposi a càrrec de Joandomènech Ros, President de l’IEC, de Miquel Strubell, President de la Fundació Congrés de Cultura Catalana i de Jaume Ribera, President de la Fundació Antigues Caixes Catalanes.
  • 19.15 h. Conferència inaugural a càrrec de Ramon Folch.

En acabar es servirà una copa de cava.

Divendres 30 de juny:

9.00 h – 10.30 h. 1a Sessió: Els límits de la Transició als Països Catalans. 

  • Ponents: Sebastià Serra, Jordi Casassas, Ferran Archilés.
  • Modera: Jaume Claret.

10.30 h – 12.00 h. 2a Sessió: El Congrés de Cultura Catalana, el debat des del territori. 

  • Ponents: Mercè Picornell, Gustau Muñoz, Lluís Duran.
  • Modera: Giovanni Cattini.

12.00 h – 12.30 h. Pausa- cafè. 

12.30 h – 13.30 h. Comunicacions:

Introdueix: Ivan Serrano.

  • David Paloma. La concreció de la llengua estàndard: algunes observacions sobre l’herència del Congrés.
  • Francesc Marco. L’herència personal del Congrés de Cultura Catalana: perfils i trajectòries.
  • Martí Serra. L’actualitat de la qüestió territorial en el Congrés de Cultura Catalana.
  • Sarah Jumel. La lluita per la democratització en el marc del Congrés de Cultura Catalana. 

13.30 h – 15.00 h. Dinar.

15.00 h – 16.30 h. 3a Sessió: Els continguts del Congrés de Cultura Catalana i la seva vigència.

Ponents:

  • Isidor Marí: Llengua i Cultura.
  • Josep M. Carreras: Economia i Territori.
  • Imma Tubella: Educació i Recerca.
  • Enric Pujol: Institucions.

Modera: Montserrat Tresserra.

16.30 h – 16.50 h. Pausa – cafè.

17.00 h – 18.30 h. 4a Sessió: Els congressistes dins del Congrés.

Ponents:

  • Agustí Colomines. El Congrés de la Joventut Catalana.
  • Pere Manzanares. El Congrés des de Catalunya Nord.
  • Ramon Espasa. L’àmbit de treball d’Estructura Sanitària.
  • Anna Balletbò. El Congrés i la premsa.

Modera: Agustí Alcoberro.

18.30 h. Cloenda i relatoria final a càrrec de Marta Rovira i Martínez.

COMITÈ CIENTÍFIC:

Agustí Alcoberro, Lluís Duran, Montserrat Treserra, Jaume Subirana, Jaume Claret, Ivan Serrano, Isidor Marí, Enric Pujol, Giovanni Cattini.

ENTITATS I GRUPS DE RECERCA COL·LABORADORS:

Institut d’Estudis Catalans (IEC).

Institut Ramon Muntaner (IRMU). 

Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana.

Mirmanda

IdentiCat (UOC)

GEHCI (UB) – Grup d’Estudis d’Història de la Cultura i dels Intel·lectuals

CEFID (UAB) – Centre d’Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica 

Càtedra Josep Termes (UB)

GECIEC (UdL) – Grup d’Estudis de la Cultura i de les Identitats a l’Europa Contemporània

 

 

 

Between accommodation and secession: Explaining the shifting territorial goals of nationalist parties in the Basque Country and Catalonia

In this article, Anwen Elias and Ludger Mees examines the shifting territorial goals of two of the most electorally successful and politically relevant nationalist parties in Spain: the Partido NacionalistaVasco (PNV) and Convergència i Unió (CiU). Whilst both parties have often co-operated to challenge the authority of the Spanish state, their territorial goals have varied over time and from party to party. We map these changes and identify key drivers of territorial preferences; these include party ideology, the impact of the financial crisis, the territorial structure of the state, party competition, public opinion, government versus opposition, the impact of multi-level politics and the particularities of party organisation. These factors interact to shape what nationalist parties say and do on core territorial issues, and contribute to their oscillation between territorial accommodation and secession. However, the way in which these factors play out is highly context-specific, and this accounts for the different territorial preferences of the PNV and CiU. These findings advance our understanding of persistent territorial tensions in Spain, and provide broader theoretical insights into the internal and external dynamics that determine the territorial positioning of stateless nationalist and regionalist parties in plurinational states.  See full article, here.

“Oposar el nacionalisme a la democràcia és un greu error”. Entrevista a Liah Greenfeld

Text: Enric Vila – Fotos: Sergi Alcàzar

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El dilluns 10 d’octubre, Liah Greenfeld va pronunciar una conferència al CCCB a propòsit de la traducció del seu llibre Pensar con libertad. La humanidad y la nación en todos sus estados (Arpa Editores). L’assaig, que va precedit per una llarga introducció dels investigadors dels GRENPoC, Agustí Colomines i Aurora Madaula, recull  un seguit de textos sobre el nacionalisme que es carreguen les teories grises i deshumanitzades d’Ernest Gellner i d’altres vaques sagrades del món acadèmic castrades pels traumes del segle XX.

Com passa amb alguns jueus desplaçats per les follies europees, Greenfeld té una visió de la història excèntrica, però suggerent. La seva tesi, desenvolupada en diversos llibres, és que el nacionalisme ha tingut un paper tan central en la construcció de la idea moderna de llibertat que actualment és el motor més potent de la globalització.

“Oposar el nacionalisme a la democràcia és un error greu –em diu. El nacionalisme és un element essencial de la vida social i política. És la construcció cultural a través de la qual la democràcia apareix i es desenvolupa en el món modern.”

Segons Greenfeld, la mala premsa que té el nacionalisme “encega” els polítics i els intel.lectuals occidentals i els impedeix de resoldre els conflictes nous amb eficàcia. “Bona part dels diaris i dels polítics -em deixa anar- pensen que el món ha de ser homogeni, però l’única homogeneïtat que hi ha en el món d’avui, precisament, és l’emergència de la consciència nacional a tot arreu.”

Nascuda a la Unió Soviètica i formada a Israel i als Estats Units, on va arribar de la mà d’un acadèmic jueu que va perdre la família a Auswitch, Greenfeld lamenta que s’utilitzi Hitler per estigmatitzar el nacionalisme. Considera que aquesta estigmatització s’ha convertit en un mitjà per frenar canvis socials que no interessen a determinades classes dirigents.

L’islamisme mateix, em diu, disfressa conflictes de fons que tradicionalment havien estat canalitzats de forma positiva pel nacionalisme. A Catalunya -em recorda-, “el nacionalisme ha tingut molta importància en la lluita per la dignitat individual i col.lectiva”. De vegades Greenfeld demana als seus alumnes que dibuixin el nacionalisme en un paper i es troba que li pinten banderes i fusells.

– Les banderes i els fusells no expressen el significat essencial del nacionalisme” –em diu.

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– I doncs, què haurien de dibuixar? -pregunto.

– En el llibre explico que, després de debatre, alguns estudiants em dibuixen una bola del món amb tot de gent que mira d’expressar-se. Quan algú parla d’alliberar el seu país o de fer-lo gran, tothom es posa a la defensiva sense tenir en compte que, tradicionalment, el nacionalisme ha servit per empoderar els febles i els desposseïts.”

Quan li demano perquè el nacionalisme està tan estigmatitzat a Espanya, esbufega, i diu que hi ha una sèrie de raons històriques i polítiques que cal “superar amb urgència”. L’autora considera que el nacionalisme va entrar a Espanya a través de Catalunya i que bona part de les desavinences que hi ha entre Madrid i Barcelona venen del fet que mentre que els catalans tenen una consciència nacional forta, els espanyols pràcticament no la tenen desenvolupada.

– A Espanya, l’antic Règim va posar tantes resistències que Franco va ser el primer que va intentar modernitzar l’Estat a través d’un projecte nacionalista. El problema és que ho va fer intentant unificar per la força el que no es podia unificar i per això el seu projecte nacionalista no només va quedar avortat, sinó que ha deixat un mal record.

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Segons Greenfeld, el nacionalisme neix a Anglaterra en el segle XVI, després de l’anomenada guerra de les dues roses. “Fins aquell moment la identitat de l’individu s’articulava a través de la societat feudal i era tancada i poc flexible. La imatge que l’home tenia d’ell mateix estava molt determinada per la religió i per l’estament al qual pertanyia.”

La guerra de les dues roses va extingir la casa dels Plantegenet i va deixar la noblesa anglesa afeblida. La dinastia emergent, els Tudor, va “crear una nova aristocràcia obrint-se a gent del poble” i això va tenir un efecte inesperat. La idea de nació, que llavors només representava una elit, es va anar barrejant amb la idea de “gent” o de “poble”, que fins llavors s’associava a la rebel.lia, la brutícia i la incultura.

El primer poble que va desenvolupar una consciència nacional moderna –m’assegura Greenfeld-, van ser els anglesos. El nacionalisme anglès sorgiria de la necessitat de justificar el nou ordre creat pels Tudor. “Aquelles persones de sang vermella que es van trobar ocupant el lloc que havia ocupat la casta de sang blava, van haver de donar-se una explicació a ells mateixos i al altres, i d’aquí en va sortir un nou sistema cultural que va revolucionar el món.”

El canvi de mentalitat que el nacionalisme va produir a Anglaterra es va escampar de maneres diferents a Amèrica i al Continent. A Europa, els primers a importar el nacionalisme van ser els francesos. Els aristòcrates de la cort de Lluís XIV, i els il.lustrats després, van quedar tan enlluernats per la vitalitat de la societat anglesa que van obrir les portes al nacionalisme sense entendre què significava. Això va fer que en comptes de donar peu a una democràcia liberal, el nacionalisme acabés provocant la Revolució Francesa.

A França, el nacionalisme no es va interpretar sobre la base de l’individualisme, sinó sobre la base de la unitat. Si el nacionalisme anglès i americà veu la nació com una agregació d’individus lliures amb interessos diferents, a França es defineix a través d’una idea singular mitificada: la patrie. A diferència del we the peoplela patrie no invoca la pluraliltat. A França, la nació és independent de la voluntat de la majoria i té tendències autoritàries perquè necessita un líder qualificat que la interpreti.

Segons Greenfeld, encara hi ha un tercer tipus de nacionalisme que és el rus. El nacionalisme rus és fruit del segle XVIII. Està marcat per la victòria de l’absolutisme francès en la guerra de successió i per la influència que això va tenir en el desenvolupament de la cultura nacionalista europea. El nacionalisme rus és més autoritari que el francès. Pere el Gran no només va construir de zero una capital Versallesca (Sant Petersburg), sinó que  també va crear una llengua i un espai nacional pràcticament del no res.

Veient que Rússia era menyspreada perquè no tenia una cultura i una història pròpia, Pere el Gran i la tsarina Caterina van mitificar la terra i la sang, en un món que ja avançava a tota màquina a través dels valors nacionalistes. “Per això el nacionalisme rus és ètnic i excloent” –conclou Greenfeld, que va marxar de la Unió Soviètica després que la seva família constatés amb la mort d’alguns parents que no hi havia lloc per a ells.

En el llibre escriu: “Jo vaig néixer en una família d’intel.lectuals ateus de diverses generacions, però l’antisemitisme rus em va deslliurar de la il.lusió que la falta total de familiaritat amb el judaïsme em podria alliberar de ser jueva. El fet de no poder triar va ser bo”.

– I el nacionalisme alemany? –li pregunto.  Alemanya ha pagat els plats trencats del segle XX.

– Alemanya arriba tard, i més aviat desenvolupa un “pseudonacionalisme”, que creix per oposició a la il.lustració francesa, a través de l’exaltació de l’instint i l’autenticitat de la llengua.

El concepte pseudonacionalisme em fa pensar en Berlín, que és un pastitx grotesc, una ciutat que ja es veu que és fruit d’una empanada mental com una casa. Mentrestant, Greenfeld m’explica que els alemanys estaven molt orgullosos de la seva llengua perquè la consideraven més natural i més antiga que la francesa, la italiana, la russa o l’anglesa.

Quan Greenfeld diu que els anglesos són els pares del nacionalisme no puc evitar pensar en la barreja curiosa que fan Shakespeare i els hooligans. En els temps dels Tudor, els catalans també van buscar maneres de salvar la distància entre el cel i la terra a través de la cultura. El primer manual de cuina escrit en llengua vulgar es va publicar a Nàpols en català. Historiadors americans han escrit sobre l’alt nivell de gentrificació i alfabetització de la noblesa catalana en el segle XVI.

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A diferencia de França o Espanya, el territori català estava altament urbanitzat. Els viatgers han recollit que un dels mottos dels barcelonins del segle XVI era que Barcelona era “una ciutat per a tothom”. Vicens Vives explica que els fonaments de l’Estat Nació modern es van posar a les ribes del Mediterrani durant la guerra contra el Turc.

Els catalans del 1500 també devien tenir consciència nacional, sinó Carles V no hauria elogiat la seva llengua ni Barcelona no hauria somiat de convertir-se en el melic de la civilització. El dietari de l’assaonadorMiquel Parets és una excepció entre els dietaris del segle XVII perquè aquest gènere no solia cultivar-lo gent de tan baixa condició.

Però quan Greenfeld parla de nacionalisme, em sembla que es refereix al sistema cultural que va permetre el poble anglès apoderar-se i reivindicar el seu lloc al món. Tenint en compte la marginació que la llengua anglesa va patir en la cort de Londres fins entrat el segle XV, diria que la seva teoria descriu sobretot el sistema de símbols i valors a través dels quals antigues tribus germàniques van accedir al poder i van dominar el món a mesura que l’imperi hispànic se n’anava a fer punyetes.

Greendfeld insisteix que l’objecte d’estudi de les ciències socials hauria de ser la cultura, més que no pas la societat i les seves estructures. La cultura, no pas les estructures o els comportaments socials, és el que distingeix els homes dels animals i el que fa que la història sigui imprevisible. Al final res com la cultura no expressa tan bé la llibertat de la intel.ligencia humana, i la seva capacitat per transformar la realitat a favor d’uns interessos individuals o col·lectius, prèviament imaginats.

Ara que vivim una època de transició, que són les més incòmodes, tornem a estar en mans de la cultura. Potser la sensació de putrefacció que patim té alguna cosa a veure amb la vehement crítica del nacionalisme que fan alguns nuclis de poder, només per dissimular que en el passat el van explotar de forma exagerada.

Publicat a elnacional.cat, 12/10/2016