El Congrés de la Joventut Catalana (1976)

La transició democràtica a Catalunya va començar molt abans de la mort del dictador. La societat civil catalana s’havia anat reorganitzant progressivament sota el franquisme, aprofitant els “espais de llibertat” que oferien esglésies o entitats culturals tradicionals. A finals de la dècada dels anys 70, es va veure la necessitat de pensar el país de l’endemà, el país que caldria “reconstruir” després de quatre dècades de dictadura. El Congrés de Cultura Catalana va esdevenir un real procés constituent de l’autonomia anhelada. Va durar gairebé tres anys i s’hi van inscriure 12.400 persones, a raó de 1.000 pessetes per barba, i 1.500 entitats.

El 29 i 30 de juny de 2017, la Fundació del Congrés de Cultura Catalana (FCCC) va convocar el Simposi “El Congrés de Cultura Catalana. Un balanç des de l’actualitat” amb motiu del 4oè aniversari. Les jornades es van celebrar a l’Institut d’Estudis Catalans, am la participació, entre d’altres ponents, de Ramon Folch, Jordi Casassas, Sebastià Serra, Ferran Archilés, Mercè Picornell, Anna Balletbò, Isidor Marí, Pere Manzanares, Imma Tubella, Lluís Duran, Enric Pujol i Agustí Colomines, l’investigador principal del GRENPoC. Ara, l’Editorial Afers acaba de publicar els textos d’aquelles coneferències en el llibre col·lectiu, a cura de Dra. Marta Rovira i Martínez, directora de la FCCC i membre, també. del GRENPoC. Les ponències conformen en conjunt aquest llibre, que vol ser una primera aportació global a l’anàlisi històrica i sociològica del Congrés. És, doncs, un llibre que situa el Congrés en aquest marc d’anàlisi, però no deixa de banda una vessant testimonial que, després de quaranta anys, encara serveix per posar el focus en alguns aspectes com ara la intrahistòria i l’experiència viscuda pels mateixos participants.

Carnet de congressista fet expressament per Antoni Tàpies

La ponència del professor Agustí Colomines ofereix una història inèdita del Congrés de la Joventut Catalana, una iniciativa paral·lela al Congrés general, que esdevingué l’embrió de les polítiques de joventut que es posarien en marxa posteriorment, com ara la majoria d’edat als 18 anys, l’objecció de consciència o la constitució del Consell Nacional de la Joventut. “El I Congrés de la Joventut Catalana —escriu el Dr. Colomines—es va cloure al Col·legi d’Advocats, en el mateix escenari on havia començat la crida a celebrar el Congrés de Cultura Catalana. La durada del congrés juvenil va ser curta però molt intensa. Les principals reivindicacions de llavors —majoria d’edat als 18 anys, supressió de la mili, institucionalització de les polítiques per a joves, etc.— són avui una realitat. Per tant, en aquest sentit va ser un èxit”. Una generació de joves, entre els 15 i els 20 anys, es va comprometre en la reconstrucció de la democràcia, malgrat la resistència del personal de la dictadura, que va continuar ocupant llocs de responsablitat en el nou Estat constitucional.

Joaquim Fradera i Jordi Serrano, membres del secretariat i militants de la Joventut Comunista de Catalunya, en la presentació del Congrés a Sabadell. Al mig, Joaquín Zamoro, responsable del PSUC a la capital vallesana.

La Mancomunitat, en un nou llibre

Enric Ucelay Da Cal, Josep Pich & Arnau González Vilalta (eds.) L’aparença d’un poder propi. La Mancomunitat de Catalunya i el catalanisme, Editorial Afers: 2019.

En el llarg camí de la institucionalització contemporània d’un organisme de govern autònom per a Catalunya, la Mancomunitat (1914-1925) és el primer intent. Al cap d’un segle de la seva creació, la historiografia reclama fer anàlisis innovadores d’una institució de la qual semblaria que ja s’ha dit tot. Què aporta de nou aquest llibre? Un dels compiladors, Enric Ucelay Da Cal, ho explica en el vídeo. Agustí Colomines, investigador principal del GRENPoC, ha escrit un dels capítols d’aquest llibre: “La Mancomunitat, entre el centralisme estatalista i l’autonomisme catalanista“.

Todo lo que queríais creer sobre Cataluña era mentira. Todo lo que os explicamos sobre España era verdad

Xavier Diez (@Herodot10), historiador

Existe un gran debate entre historiadores para tratar de comprender las causas que provocaron el hundimiento de la Unión Soviética. En las discusiones, se destacan numerosos factores que los observadores coetáneos constataban -el atraso tecnológico en el ámbito civil, la imposibilidad de seguir el ritmo de la carrera armanentística sin comprometer la viabilidad de la economía doméstica, el desabastecimiento crónico,…- pero existían otros más intangibles, más difíciles de calibrar, pero quizá más relevantes a la hora de explicar la verdadera fragilidad de lo que todos consideraban una superpotencia. La realidad, más allá de toda propaganda y apariencia, es que en los últimos años de la URSS se propagó, a la manera de una epidemia incontrolable, una profunda desmoralización colectiva y una verdadera pérdida de confianza en el sistema, que precipitó un derrumbamiento con efectos devastadores entre millones de soviéticos desengañados ante el comunismo y castigados por el capitalismo salvaje posterior. Es la época en que se popularizó aquella cita tan significativa y que incluso recogió Fernando León de Aranoa en su mítica película Los Lunes al sol. “Todo lo que nos explicaban sobre el comunismo era mentira. Pero todo lo que nos explicaban sobre el capitalismo era verdad.”

Era exactamente así. Cierto monopolio de los medios y la educación según el cual el comunismo resultaba ser el mejor de los mundos posibles contrastaba con una realidad difícilmente digerible. En otros términos, la realidad soviética se fundamentaba en la mentira. Más allá de la retórica revolucionaria, existían desigualdades y un sistema social fundamentado en la ausencia de libertades personales hasta convertir la vida cotidiana en una experiencia frustrante y asfixiante. Eso no significa que no hubiera millones de ciudadanos soviéticos que creyeran, con fe religiosa, en las mentiras que se difundían desde el Kremlin. Pero a medida que se profundizaba la distancia entre mensajes triunfalistas y la dura y cruda realidad, el régimen se tambaleaba, puesto que hasta las mejores mentiras tienen un límite. Y finalmente, el muro, si bien empujado por la disidencia y un incrédulo occidente, acabó cayendo por su propio peso.

No es la primera ni la última potencia que se desploma, desconcertando a cualquier analista. En 2007, el historiador británico John Darwin publicó un interesante libro, El sueño del imperio. Auge y caída de las potencias globales, 1400-2000 (Taurus, 2012) que indagaba sobre el fenómeno de las decadencias que se llevaban por delante a antiguas potencias. A pesar de que existen contextos y factores singulares que ayudan a explicar estos procesos complejos, sí que existe una constante. Las naciones se aguantan en la medida en que existen consensos e intereses compartidos -aunque sean asimétricos- y se disuelven cuando estos factores desaparecen y aparecen ante los ojos de sus súbditos las debilidades y las falsedades sobre los cuales se fundamentaban.

Quien esto escribe no se considera determinista en absoluto, sin embargo, España, “el país más fuerte del mundo porque lleva siglos intentándose destruirse a sí misma sin conseguirlo”, según comentario irónico atribuida a Otto von Bismark, se fundamenta, como la mayoría de naciones del mundo, en ficciones y mentiras. El problema es que la España actual se basa en el mito fundacional de “la democracia que nos dimos” o una Constitución, la de 1978, que nació entre sables, se redactó entre grandes presiones de los poderes fácticos, se aprobó con grandes irregularidades en el censo, sin otra alternativa, y que, en el fondo, resultó ser la continuación del franquismo por medios democráticos. Aun así, funcionó durante varias décadas. El consentimiento de los gobernados, ya fuera por la necesidad de creer en la democracia, ya fuera por miedo, ya fuera por ilusión, funcionó mientras el estado profundo se retiró a la discreción de las cavernas, los cuarteles, los juzgados o las sacristías. Pero esta década que dejamos atrás ha resultado ser letal. La involución respecto a libertades democráticas, el saqueo de los ahorros populares producido por la banca, las reformas laborales que han empujado a los trabajadores españoles a los peores grados de degradación y precariedad continental, los escándalos económicos y morales protagonizados por la familia real, la represión contra la disidencia o la salida del armario de los grupúsculos fascistas reconvertidos en partidos políticos y aplaudidos y promocionados por unos medios de comunicación que jalean la violencia contra quien es o piensa diferente, han desnudado un régimen que por algún tiempo aparentó ser una democracia.

Pero quizá en este contexto de degradación democrática, ya surgidos desde la primera mayoría absoluta de Aznar, lo que ha resultado ser la principal prueba de estrés a la que se ha sometido la democracia española ha sido el “procés catalán”. El independentismo, que pasó en poco más de una década, de un quince a un cincuenta por ciento (sesenta si contabilizamos a los nacidos en Cataluña), no deja de representar una expresión política que sirve para desmontar la mentira de la democracia española. Muchos independentistas consideraron que la ruptura con el reino de España era la mejor manera de asegurar un sistema político decrépito cuyas instituciones se disuelven aceleradamente, en el que el franquismo emerge de las catacumbas, y pilares básicos del estado como la policía o la judicatura se han conjurado para aplicar un lawfare impropio de cualquier país europeo. Cualquier espectador que haya visionado la recomendable película de Roman Polanski “El oficial y el espía” podrá hallar inquietantes paralelismos en la manipulación de pruebas, la bancarrota del sistema mediático y judicial, la prevaricación o la miseria moral disfrazadas de patriotismo del que ha abusado la España de 2017-2020. En todo este patético contexto en el que se mantiene en la cárcel a disidentes por cargos inventados en una parodia de juicio, España parece autodestruirse a partir de una nueva autarquía judicial ante una Europa escandalizada por la deriva inquisitorial y la resurrección de las invenciones historiográficas del XIX como los mitos de la Reconquista, la visión teleológica de España y un anhelo de recentralización que lo que ha hecho ha sido polarizar un país que, por mucha banderita que camufle sus vergüenzas, se odia a si mismo.

Es cierto, la “rojigualda” ha servido en cierta manera como venda en los ojos para negarse a ver lo que sucedía con Cataluña, una lucha democrática para detener la deriva autoritaria iniciada con Aznar. Pero la formación del último gobierno español ha servido precisamente para exhibir a todo el mundo aquella dimensión trágica y autodestructiva que Alejandro Amenábar ha retratado en forma de película. Para evitar un gobierno con presencia de una izquierda (como es el espectro Podemos y los restos del naufragio del PCE) que, sin exageración alguna, podríamos considerar como moderada, e incluso conservadora. Pero en las últimas semanas, para evitar ese gobierno de coalición (tildado de rojo-masón-marxista-separatista), hemos asistido a rogativas por parte de una iglesia ultramontana, llamadas al golpismo por parte de uniformados, amenazas en la calle (penoso el episodio de asedio al diputado de Teruel existe), la ultraderecha exhibiéndose impunemente en las calles y con varios pies en las instituciones y tribunas en los medios. En fin, la involución de la última década, fundamentada en el uso torticero de leyes y tribunales, e incluso de una reinventada constitución que se alude para prohibir, restringir o reprimir, ha convertido España en una piscifactoría de pirañas. No hay más que ver el comportamiento indigno de decenas de diputados conservadores insultando, intimidando y amenazando a quienes no piensan como ellos. La crispación inoculada por los hijos del franquismo que, durante los ochenta y noventa habían quedado en segundo plano, han tomado los megáfonos y tratan de disputar las calles, con cobertura policial, jurídica y mediática.

Y, efectivamente, en muy pocos meses, España ha perdido el prestigio que había tardado décadas en conseguir. Y ahora, como durante los sesenta o inicios de los setenta del siglo pasado, una España que reprime la disidencia y que se siente profundamente insegura, se ha convertido definitivamente de la Turquía occidental, que quizá todavía posee algunos recursos menguantes para comprar espacios en la prensa (España Global) o sobornando o intimidando algunos funcionarios europeos, como hace regularmente Arabia Saudí. Pero el algodón de los presos políticos y los exiliados no engaña, puesto que son ellos los que venían alertando de esta deriva suicida de una España que trata de creerse sus propios mitos (incluso el tan apolillado Don Pelayo), y que dejan claro que este país se está haciendo daño a sí mismo. Ya sé que los prejuicios contra unos catalanes que nunca han sido aceptados como lo que son, una nación diferenciada de la castellana, que es la que ocupa la hegemonía de la identidad española, ha supuesto una venda en los ojos, y sobre todo, unos tapones en los oídos para no escuchar ciertas verdades incómodas. Pero todo lo que buena parte de los españoles querían creer sobre los catalanes (los mitos del supremacismo, el egoísmo,…) era mentira. Sin embargo, todo lo que los independentistas explicaban sobre España (que no es una verdadera democracia, que el Estado está ocupado por el franquismo fáctico e ideológico) era verdad. Muchos españoles de izquierdas, viendo las rogativas de un clero reaccionario o las impunes amenazas fascistas, empiezan a darse cuenta del problema. Evidentemente, no hay nada más letal y disolvente para la viabilidad de un Estado que sus mentiras se hagan evidentes. El emperador desfila desnudo, y aunque el niño que lo señala sea catalán, y por tanto, silenciado por los medios y boicoteado por los prejuicios, es cuestión de tiempo que todo el mundo se dé cuenta. Bueno, de hecho, todo el mundo se está dando cuenta, aunque la mayoría de españoles estén tardando bastante en reconocerlo.

Postdata:

Queridos Trolls. Ya sé que algunos de vosotros os indignaréis con este artículo, y probablemente os veréis tentados de constatarlo en vuestros comentarios. Tenéis, por supuesto, todo el derecho a hacerlo. Pero quizá, para haceros reflexionar, comparto una confiencia. A menudo muchos os preguntaréis cómo es posible que con cero apellidos catalanes y ninguno de mis abuelos nacido en Cataluña me haya pasado, como tantos otros, a defender la ruptura con vuestro país. Y sí, ha sido en muchos de los comentarios de desprecio, profundamente ofensivos, que vengo leyendo desde hace veinte años en cualquier noticia referida a Cataluña. Me sorprendió, primero; me entristeció después y me aleccionó finalmente que la incapacidad de aceptar una realidad incómoda se tradujera en una exhibición de prejuicios tan indocumentados que solamente pueden estar motivados a medias por la atrevida ignorancia y el estéril resentimiento. Pero quizá lo que más me molestó es que tantos y tantos comentarios insultantes no fueran nunca rebatidos por nadie con suficiente autoridad moral para poner en evidencia el simple hecho que, quien siembra vientos, acaba cosechando tempestades. Que sepáis que poseéis una responsabilidad a la hora cuestionar la viabilidad de vuestro país, mucho mayor que quienes fuimos a votar el 1 de octubre para expresar nuestra determinación por divorciarnos de vosotros.

Xavier Diez és membre del nostre grup de recerca. Aquest article va ser publicat el 13/01/2020 a Diario16.

A favor de Lluís Companys

El 13 d’agost de 1940, els agents de la Gestapo van capturar el MHP Lluís Companys a La Baule-les-Pins (França). Allí va començar el camí cap al suplici de la tortura i el posterior afusellament, el 15 d’octubre de 1940. Amb motiu d’aquesta commemoració hem volgut reproduir un breu article que el professor Agustí Colomines va publicar el 3 de juny del 2013 al desaparegut diari digital elsingular.cat. En alguns aspectes, aquest article és premonitori. El franquisme rebrota entre antics comunistes i socialistes espanyols degut a la difusió d’un nacionalisme espanyolista xenòfob.

Lluís Companys el dia que va retornar a Barcelona després de la victòria del Front d’Esquerra el 16 de febrer de 1936.

Les bajanades que deixa anar darrerament el periodista Hermann Tertsch, un exmembre del Partit Comunista d’Euskadi reconvertit a l’espanyolisme per la via del Foro de Ermua, són avui una mostra més de les posicions radicalment reaccionàries que predominen en la política espanyola. No és ell sol, ni tots els reaccionaris són de dreta, però aquesta mena de personatges es multipliquen dia a dia. L’última bestiesa que ha dit Tertsch és que Lluís Companys va ser com Franco, un colpista. La ignorància és atrevida, sobretot si va tenyida d’una passió política més pròpia dels anys trenta que de l’actualitat.

arnerCom va escriure l’enyorat Josep Termes, Lluís Companys va protagonitzar tres moments polítics que, certament, van ajudar a configurar-lo com a mite de la història de Catalunya. En dos d’aquests moments, el 6 d’octubre de 1934 i el 19 de juliol de 1936, va tenir-hi un protagonisme que és la font de les grans discussions que provoca la figura històrica presidencial, fins al punt d’entelar el tercer moment històric: el seu afusellament el 15 d’octubre de 1940. La figura del president màrtir va néixer aleshores. Sense aquests tres episodis, la resta de la seva vida d’agitador polític no sobrepassa el nivell dels grans dirigents de l’esquerra catalana d’aquell temps. Sense aquests tres episodis, per tant, Companys no seria superior a Francesc Macià, Antoni Rovira i Virgili, Jaume Carner, Pere Coromines, Marcel·lí Domingo, Francesc Layret, Salvador Seguí o Joan Peiró. Ni com a periodista de La Lucha, ni com a advocat d’obrers, ni com a assessor del moviment rabassaire, Companys no va destacar molt, tot i que la tesi de Josep M. Ortiz Arilla, del 2010, ressalta la notorietat de la faceta de periodista de Companys que fins ara no s’havia valorat prou. Fins a la Segona República, la carrera institucional de Lluís Companys era pobra: va ser regidor de l’Ajuntament de Barcelona, però per poc temps, i diputat per Sabadell a resultes de l’assassinat de Layret. Durant la República, fou Governador Civil de Barcelona, president del Parlament de Catalunya i Ministre de Marina, un càrrec més aviat exòtic. En cap d’aquests càrrecs no va destacar gaire. Fins que no fou nomenat president de la Generalitat, Companys havia viscut a l’ombra, primer, de Francesc Layret, i després, un cop unificat el republicanisme amb la creació d’ERC, de la de Francesc Macià, la figura mítica del qual arrencava dels fets de Prats de Molló. Però la mort heroica de Companys encimbellà el president-màrtir a la categoria de símbol de les llibertats de Catalunya.

“Si Lluís Companys va morir com a president de la Generalitat, just és que els catalans retem a la seva memòria un homenatge unànime.

Lluís Nicolau d’Olwer

El que ha dit Hermann Tertsch amb relació a Companys no és nou ni va inventar-s’ho Pío Moa, aquest exterrorista del GRAPO que és avui el paladí de l’extrema dreta historiogràfica espanyola. Tot arrenca de la injusta i agra reflexió de Francesc Cambó en les seves memòries: “L’afusellament fou un immens error de Franco. Injust? Ell, el 6 d’octubre del 1934 havia comès igual delicte que els militars i fou indultat. El 1936 ell féu afusellar tots els militars revoltats”. La ràbia de Cambó no té perdó, atès que no va escriure aquestes línies a cop calent, sinó a l’exili després d’haver sufragat econòmicament la revolta militar dels “nacionals”. És evident, però, que molts lligaires van fer de Companys l’ase dels cops perquè van patir les conseqüències de la persecució indiscriminada i brutal de les patrulles de control i dels escamots que la Generalitat presidida per Companys no va escapçar. Però l’envestida de Cambó no va ser compartida per altres, diguem-ne, “moderats”. El republicà Lluís Nicolau d’Olwer, un exlligaire i membre d’Acció Catalana Republicana que el 1936 va arribar a ser Ministre d’Economia i governador del Banc d’Espanya tot i ser un reputat hel·lenista, va donar una visió de Companys contrària a la de Cambó, també condicionada precisament per l’afusellament: “si Lluís Companys va morir com a president de la Generalitat, just és que els catalans retem a la seva memòria un homenatge unànime. Just i àdhuc diria necessari. Si, bandejant per una estona les nostres diferències donem caliu a allò que ens és comú i ens agermana, una llengua i una bandera elles totes soles no fan un poble. Sense l’esperit nacional, és a dir, el sentiment solidari, el desig de convivència, l’anhel de realitzacions comunes, la llengua és només un vehicle de picabaralles i la bandera un element decoratiu. Si això ens arribés Catalunya ja no fora sinó un record a les planes de la història i un nom damunt les cartes geogràfiques. Sense aquell esperit, la commemoració de la mort del nostre president només seria una data inscrita d’esma al calendari i tan se valdria esborrar-la’n”. Si Nicolau d’Olwer era un liberal en una època en què no n’hi havia ni a Catalunya ni a Espanya, qui fou el seu secretari i destacat assagista, Domènec de Bellmunt, pseudònim de Domènec Pallerola i Munné, va explicar-nos com va percebre la generació dels exiliats l’afusellament de Companys: “una figura popular que arribà a l’emigració cansada, decebuda, gairebé exhaurida per uns anys de lluita incessant, s’aixeca de la seva tomba al damunt d’una muntanya sinistrament simbòlica i pren proporcions gegantines de bandera, de símbol, de màrtir de la pàtria. Lluís Companys ja no és el Lluís Companys que nosaltres coneguérem. Ens l’ha pres la història, la llegenda, el mite […] Lluís Companys, que sabé viure com un lluitador, sabé morir com un heroi, com un màrtir de la pàtria. La seva figura i el seu nom han pres ja l’aurèola i la puixança mística dels grans immortals. I esdevingut estel, esdevingut bandera, esdevingut esperit pot fer el miracle de la resurrecció catalana, de la renovació catalana en una pàtria unida, vigorosa i digna”.

La història és sempre complexa i no lliga bé amb el format de les tertúlies. La història és argument i recolza en fets. Companys no es va revoltar contra ningú el 6 d’octubre de 1934. Va promoure, això sí, un acte d’insurrecció institucional quan no li calia, atès que ostentava el poder a Catalunya, el qual va conseqüència del pacte d’ERC amb el PSOE i l’esquerra espanyola que era al darrera de la revolta minaire d’Astúries. Companys no pretenia enderrocar la República ni separar-se’n. Ja sabem com va acabar el Sis d’Octubre. En produir-se els esdeveniments, la resposta popular va ser mínima i el general Domènec Batet aconseguí de dominar-los amb el mínim de destruccions i d’efusió de sang. La dreta i alguns sectors militars no van perdonar mai a Batet que actués amb tanta contenció, fins al punt que aquest general, que havia estat cap de la casa militar del president Niceto Alcalá-Zamora, va ser condemnat a mort pels franquistes en un consell de guerra sumaríssim i va ser afusellat sense contemplacions el 18 de febrer de 1937. Paradoxes de la política i de la historia, oi? Companys i Batet, els dos protagonistes d’aquell Sis d’Octubre que fa dir bestieses a Hermann Tertsch van ser afusellats per ordre de la mateixa persona: Francisco Franco, el colpista de veritat. L’únic colpista dels anys 30, si exceptuem l’intent de cop d’Estat del 10 d’agost de 1932 protagonitzat pel general José Sanjurjo, el que es coneix com la Sanjurjada. Sanjurjo i Franco van compartir de nou les ànsies d’acabar amb la República l’estiu del 1936. Sanjurjo va morir el 20 de juliol d’aquell estiu en circumstàncies encara no del tot clares, Franco, un cop guanyada la guerra, es va convertir en el dictador que va tenir-nos oprimits fins a la seva mort el 1975. Va començar afusellant polítics demòcrates i va acabar de la mateixa manera. La desgràcia és que, al cap de quatre dècades, l’herència intel·lectual franquista triomfi avui entre els extremistes de tot pelatge de Madrid.

Homenatge de l’Ateneu Barcelonès al professor Josep Termes

Enregistrament de l’acte “Homenatge de l’Ateneu Barcelonès a Josep Termes“, celebrat a l’Ateneu Barcelonès el 28 de maig del 2015. De la presentació del vídeo: “Amb el títol que dóna nom a la miscel·lània sobre la seva obra, Catalanisme, obrerisme, civisme, es recordarà la tasca d’un dels historiadors catalans més rellevants dels darrers temps, especialitzat en el moviment obrer de la Catalunya dels segles XIX i XX, home compromès i de gran vàlua però, tanmateix, no prou reconegut”. L’acte presenta el volum miscel·lani sobre l’obra i la ideologia de Termes, amb aportacions de Jordi Casassas, Agustí Colomines i Teresa Abelló. Josep Fontana fa la conferència més llarga sobre el perfil intel·lectual de l’historiador, en què ressegueix records biogràfics compartits amb Termes, de qui destaca l’obra Anarquismo y sindicalismo en España com la seva més gran aportació i la cofundació de la revista Recerques. Fontana subratlla la necessitat d’elaborar una bibliografia completa dels treballs esparsos de Termes.

Enregistrament de vídeo. Durada: 47 minuts. Divisió de l’acte: presentacions de Jordi Casassas (min. 00.00-6.04) i Agustí Colomines (min. 6.04-10.38), ponències de Teresa Abelló (min. 10.38-15.00) i Josep Fontana (min. 15.00-46.00) i tancament de Casassas (min. 46.00-final)

Carme Ballester i Antònia Macià, rescatades de l’oblit

per Joan Esculies (@jesculies), historiador

ballester_macia_mar

Carme Ballester i Antònia Macià, per © Mar Ferrer

En uns aspectes eren la nit i el dia, com els seus marits. L’una volia acompanyar al seu espòs, Lluís Companys, arreu i que la reconeguessin. L’altra es quedava a casa i la gent pensava que Josep Tarradellas era solter. Carme Ballester era una dona polititzada, que volia donar la seva opinió i ser escoltada. Antònia Macià era reservada, i per bé que tenia la seva idea política es guardava de donar-la tal com li ho demanava el seu espòs, contrari a que les senyores posessin cullerada en els afers de govern i partit.

En altres facetes, eren dones amb camins paral·lels. Ambdues van dedicar-se a cosir en distints moments vitals per sobreviure i també van experimentar les mirades de desaprovació de les senyores de la burgesia barcelonina essent com eren, malgrat la seva extracció treballadora, mullers de dos dels polítics amb més relleu en la Catalunya dels anys trenta. Sobretot, però, Ballester i Macià van acompanyar Companys i Tarradellas en la devoció d’aquests pels seus fills.

Al primer, la recerca tràgica de Lluïset, enmig de l’ocupació nazi de França, el va dur a la detenció i posterior afusellament. Carme Ballester, una vegada localitzat, se’n va fer càrrec la resta de la vida, bo i no essent-ne la mare biològica. Al segon, la síndrome de Down de la Montserrat l’acompanyà sempre però d’una manera humana, natural, en què li donà suport l’Antònia Macià, que va tenir bona cura de la seva primera filla.

El mig centenar de persones que es van aplegar a l’espai Francesca Bonnemaison de Barcelona el passat 17 d’octubre van poder resseguir el recorregut vital de dues dones amb biografia en majúscules al marge del transcendent periple dels qui foren les seves parelles. Ho van fer de la mà de dos bons coneixedors de les seves figures, l’historiador Oriol Dueñas, autor de la recent i interessant biografia Carme Ballester: compromís, resistència i solitud (Gregal, 2018) i Montserrat Catalán, fins fa un parell d’anys directora de l’Arxiu Montserrat Tarradellas i Macià, exsecretària del president Tarradellas i persona de la més estricta confiança d’Antònia Macià.

La confrontació d’aquestes biografies és un nou aparellament per aplegar vides de dones que mereixen ser posades en relleu, fruit de la col·laboració de l’Institut Català de les Dones, la càtedra Josep Termes i el suport de la Diputació de Barcelona, agombolades en el paraigua del cicle Doblement invisibles

Dueñas, en la seva intervenció acompanyada d’imatges poc conegudes de Ballester, va voler incidir en el caràcter fort d’aquesta, “la influència en Companys i en la felicitat que va viure arran de la relació amb aquest i el seu matrimoni encara que es donés una vegada ja iniciada la Guerra Civil”. Acabada la contesa, a l’exili, fou precisament Tarradellas qui més l’ajudà a superar les penalitats i la solitud de qui havia exercit de primera dama encara que el càrrec no estigués institucionalitzat.

“Quan visitava als Tarradellas a Saint Martin le Beau –va recordar en el seu magnífic i detallat parlament Catalán–, la Carmeta sempre volia beure Evian”. Així ho disposava en la mesura de les possibilitats Antònia, qui en aquells anys li havia pres el relleu com a esposa del president de la Generalitat a l’exili, una dona que “per sobre de tot sempre va saber estar”.

La confrontació d’aquestes biografies és un nou aparellament per aplegar vides de dones que mereixen ser posades en relleu, fruit de la col·laboració de l’Institut Català de les Dones, la càtedra Josep Termes i el suport de la Diputació de Barcelona, agombolades en el paraigua del cicle Doblement invisibles pel fet de la seva condició femenina i per la manca de reconeixement en el relat històric oficial o més conegut. El cicle ha recorregut ja les vides de Teresa Mañé, Carme Serrallonga, Carme Karr, Pepita Casanellas i Maria Llorença Llong. Si en llegir aquests noms el lector no ha sabut que es tracta d’una pedagoga, editora i anarquista, una pedagoga i traductora, una escriptora i musicòloga, una pedagoga i una religiosa reformista bé pot fer-se conscient de la necessitat d’assistir a la resta de conferències del cicle.

El proper 6 de novembre al mateix espai el periodista Genís Sinca i l’escriptora Betsabé García confrontaran les trajectòries de dues dones esportistes, l’atleta Ana Maria Martínez Sagi i l’aviadora Maria Pepa Colomer. El 14 de novembre el metge Carles Hervàs i la historiadora Antonieta Jarné presentaran les vides de dues dones científiques, l’anestesiòloga Maria Oliveras i la metgessa i política Aurelia Pijoan. Clouran el dia 28 de novembre el cicle les apassionats biografies de la periodista Irene Polo i la pianista Maria Canals, a càrrec de la professora de comunicació, Elvira Altés i la periodista Ana María Dávila.

Publicat a The New Barcelona Post, 04/11/2018

Between accommodation and secession: Explaining the shifting territorial goals of nationalist parties in the Basque Country and Catalonia

In this article, Anwen Elias and Ludger Mees examines the shifting territorial goals of two of the most electorally successful and politically relevant nationalist parties in Spain: the Partido NacionalistaVasco (PNV) and Convergència i Unió (CiU). Whilst both parties have often co-operated to challenge the authority of the Spanish state, their territorial goals have varied over time and from party to party. We map these changes and identify key drivers of territorial preferences; these include party ideology, the impact of the financial crisis, the territorial structure of the state, party competition, public opinion, government versus opposition, the impact of multi-level politics and the particularities of party organisation. These factors interact to shape what nationalist parties say and do on core territorial issues, and contribute to their oscillation between territorial accommodation and secession. However, the way in which these factors play out is highly context-specific, and this accounts for the different territorial preferences of the PNV and CiU. These findings advance our understanding of persistent territorial tensions in Spain, and provide broader theoretical insights into the internal and external dynamics that determine the territorial positioning of stateless nationalist and regionalist parties in plurinational states.  See full article, here.