Agustí Colomines i Companys — Cátedra UB Josep Termes
Se cumplen cincuenta años de la muerte de Joaquín Maurín —«Quimet» o «Kim», para sus allegados—, que ocurrió en Nueva York el 5 de noviembre de 1973. Tenía 77 años, pues había nacido en Bonansa (Huesca) el 13 de enero de 1896. La Vanguardia del 20 de noviembre de 1973 dio noticia de la muerte de quien fuera secretario general del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), haciéndose eco de una breve nota de la Agencia EFE que decía: «La viuda del extinto, Jeanne, ha manifestado que su esposo fue operado recientemente de un tumor cerebral, y, aunque un examen médico posterior dio resultados favorables, Maurín falleció, súbitamente, después de su habitual paseo por un parque público». La noticia seguía con una nota de Redacción en la que se resumía la trayectoria de quien había sido uno de los principales teóricos del marxismo español.
Esa fue la «segunda muerte» de Joaquín Maurín. No lo digo dándole el sentido que le dio el historiador Francesc Bonamusa (1947-) en un artículo publicado en Triunfo (n.º 583, 1-12-1973, 18-19): «La segunda muerte de Joaquín Maurín». Ese artículo provocó la réplica, también en Triunfo, de Luis Portela (1901-1983), camarada y amigo de Maurín, con el artículo «La única muerte de Joaquín Maurín» (n.º 588, 01-01-1974, 13-15). En él repetía lo aportado por Portela en el prólogo del libro que Jeanne Maurín (1904-1995) publicó en 1980, en Ediciones Júcar, Cómo se salvó Joaquín Maurín, con la intención de disipar el llamado «enigma Maurín». Lo que molestó a Portela es que un historiador tan solvente como Bonamusa, cuya tesis de doctorado, El Bloc Obrer i Camperol: Els primers anys (1930-1932), se publicó ese año, se hiciese eco de un falso «enigma» difundido por el estalinismo en los años treinta, con el que la desaparición de Maurín en 1936 se añadía a la total estigmatización del POUM, convirtiéndolo en aliado del fascismo. La aberrante persecución estalinista de la gente del POUM no únicamente acabó con la vida de Andreu Nin (1892-1937) y el proceso contra sus dirigentes en 1937, tras la disolución del partido marxista, también afectó, como cuenta el profesor de la Universidad de Toulouse François Godicheau (1971-), a unas 4.000 personas. El 90 % pertenecían al movimiento libertario, mientras que el resto eran extranjeros o militantes del POUM, lo que dio lugar a centenares de procesos judiciales. Esta oleada de detenciones se extendió por todo el territorio catalán, y no solo en Barcelona: la proporción de militantes arrestados en los pueblos fue incluso mayoritaria hasta el mes de agosto. A partir de finales del verano, el número de prisioneros superó el millar, y no volvió a bajar de esa cifra hasta enero de 1937. En la prisión central de Barcelona, la Modelo, dos de seis galerías fueron ocupadas por cientos de «prisioneros antifascistas» («El proceso del POUM: proceso ordinario de una justicia extraordinaria», Historia Contemporánea, 29, 2005, 839-869).
Maurín se exilió en los Estados Unidos en 1947, una vez liberado de las prisiones franquistas mediante el decreto de 9 de octubre de 1945, firmado por el ministro de Justicia, el falangista Raimundo Fernández Cuesta (1896-1992), y por Franco (1892-1975), por el que se concedió el indulto total a los condenados por delito de rebelión militar y otros cometidos hasta el 1.º de abril de 1939. A pesar de que Maurín estaba encarcelado desde 1936 y que se le dio por muerto, no fue juzgado hasta el 19 de agosto de 1944 y el tribunal militar, presidido por el coronel Manuel Marzo Pellicer, lo condenó a reclusión perpetua (en aquel tiempo treinta años de cárcel), resolviendo así la causa 29.518 de 1941. No obstante una condena tan larga, su liberación no fue resultado de una amnistía, ni de un indulto especial; en realidad era una libertad vigilada que también puso en la calle a dirigentes de la CNT de la talla de Cipriano Mera (1897-1975). La excarceración de Maurín no fue fácil, tardó un año en salir de prisión: fue puesto en libertad el 1 de octubre de 1946, con la obligación de residir en Madrid. Los informes judiciales desaconsejaban dejarle en libertad alegando, sobre todo, que continuaba activo políticamente —si bien no era cierto— y que no había hecho la «declaración de retractación» exigida por el artículo séptimo de la Ley de 1 de marzo de 1940 «Sobre represión de la masonería y del comunismo». Logró la libertad, aunque vigilada, el 1 de octubre de 1946 sin retractarse de nada.
Desde Madrid, donde sobrevivió casi un año gracias a la ayuda del editor Josep Janés, se trasladó a Francia y de allí emprendió viaje hacia los Estados Unidos el 16 de octubre de 1947, donde ya vivían su mujer, Jeanne Lifschitz, una francesa de origen ucraniano que había conocido en Moscú en 1924, donde ella trabajaba para la Komintern, y su hijo Mario (1928-2014), que acabó siendo catedrático de francés en el Bryn Mawr College, la prestigiosa universidad privada de Pensilvania en la que también enseñó el filósofo catalán Josep Ferrater Mora (1912-1991). Madre e hijo vivían en la metrópolis de los rascacielos desde el 30 de agosto de 1941. No fue ella quien eligió los EE. UU. Fue su hermano, el periodista francés Boris Souvarine (1895-1984), que es el nombre que había adoptado en Francia, quien como ella había nacido en Kiev y era amigo de Lenin. Souvarine entró en una lista de intelectuales judíos que la Secretaría de Estado estadounidense elaboró para protegerles de la persecución nazi. Tenía derecho a entrar en los EE. UU. acompañado de su familia, y la única familia que tenía Boris era su hermana y su sobrino. Los tres se fueron a vivir en Nueva York. Boris había sido fundador del PC francés, pero por aquel entonces ya era un consumado anticomunista, por anti-estalinista. Maurín siguió la misma trayectoria en su «segunda vida» estadunidense, sin dejar atrás sus ideales progresistas. Conté esta evolución ideológica, que del comunismo aterrizó hasta la socialdemocracia liberal, en el artículo «La segona vida de Joaquín Maurín: Nova York i la creació de l’American Literary Agency (ALA)».
En el periplo carcelario de Maurín cabe distinguir dos etapas: de setiembre de 1936 a setiembre de 1937, cuando está detenido con nombre falso, y de setiembre de 1937 a octubre de 1946, cuando está preso bajo su propia identidad. La víspera del alzamiento militar franquista, Maurín se hallaba en Galicia para asistir al congreso de constitución del POUM gallego. Había salido de Barcelona el 16 de julio y pasó por Madrid para cobrar las mil pesetas que tenían asignadas entonces los diputados. A la mañana siguiente de la rebelión militar, intento emprender el viaje de vuelta para Barcelona bordeando la cornisa cantábrica y llegar a Huesca. El 9 de setiembre de 1936 topó con una pareja de la Guardia Civil en Panticosa, en la carretera que lleva al balneario, que le dio el alto y lo detuvo. Llevaba una documentación a nombre de Joaquín Julio Ferrer, de manera que no fue descubierta su verdadera identidad ni cuando ingresó en la prisión de Jaca, donde permaneció un año. El rumor sobre la muerte de Maurín se difundió después de que su mujer recibiera en París una tarjeta en la que Maurín había escrito «En este momento te recuerdo más que nunca». Este mensaje se interpretó como el adiós de un condenado a muerte y el partido llegó a la conclusión de que Maurín ha muerto. Incluso antes de tener conocimiento de ello, se organizaron actos de homenaje a su figura, como el que tuvo lugar en el salón del Gran Price de Barcelona el 25 de octubre de 1936, en el que participaron Jordi Arquer (1907-1981), comisario político de la segunda columna del POUM, y Andreu Nin, consejero de Justicia de la Generalitat de Cataluña. En ese mitin, Nin defendió lo que el POUM ya defendía con anterioridad al estallido de la guerra: que la lucha debía plantearse entre socialismo y capitalismo y no entre fascismo y democracia.
Este era el sentir general del POUM ante lo que Maurín denominó la Segunda Revolución española. La resumió en un libro en 1935 y lo defendió en su primer discurso parlamentario en la tarde del 15 de abril de 1936 que reproducimos a continuación. Maurín había sido elegido diputado por Barcelona en las listas del Front d’Esquerres. Obtuvo el acta de diputado con 256.723 votos entre los 412.920 votantes que acudieron a las urnas en las elecciones del 16 de febrero. Sus intervenciones parlamentarias se centraron, como decía Bonamusa, en atacar la política contemporizadora de Azaña y manifestar que la alternativa no era la del partido comunista, que propugnaba la creación de un bloque democrático frente a la reacción. Para el POUM, el combate era socialismo frente a fascismo. Maurín centró sus cuatro intervenciones parlamentarias a desarrollar esta idea. Lo expuso largamente en la primera de las intervenciones y en la tercera, que fue analizada por Agustín Santos Maraver, actual diputado de Sumar, en el acto de homenaje a Maurín organizado en el Ateneo de Madrid. Su parlamento fue publicado posteriormente en Sin Permiso con el título: «Joaquín Maurín, diputado».
La primera intervención parlamentaria de Maurín se produjo en el contexto de la presentación del programa del gobierno y el debate sobre la amnistía para los encarcelados a raíz de la revuelta de octubre de 1934, resumida por el jefe del gobierno, don Manuel Azaña (1880-1940), de esta manera:
«Mi propósito esta tarde, por tanto, es dar ocasión —no digo pretexto; ocasión— para que el Parlamento examine nuestra política, la que ya hemos realizado y la que nos proponemos realizar, y que al final del debate recaiga la votación que el Gobierno necesita para seguir en su puesto.
» Como he dicho en algunas ocasiones, señores diputados, el programa que vamos a realizar, que es el programa de nuestra coalición de izquierdas, contiene ante todo una parte que podemos llamar de reparaciones y de sanciones (cuando hablo de partes no me refiero a su distribución en el tiempo, sino en un orden puramente lógico y que no excluye la simultaneidad de su cumplimiento). Estas medidas legislativas y de Gobierno, que atañen a reparaciones y sanciones de hechos pasados, consisten principalmente en la amnistía, en las reparaciones debidas a los que han padecido persecuciones políticas, como son funcionarios y obreros víctimas de medidas de este orden; en la investigación y depuración de los abusos y extralimitaciones ilegales ocurridos y que se comprueben por los órganos adecuados del Poder, con motivo de los sucesos políticos del año 1934, y en algunas otras disposiciones de este carácter, complementarias de las anteriores».
Después de la intervención de Antonio Hipólito Alonso Ríos (1887-1980), el galleguista que acabó presidiendo en el exilio bonaerense el Consejo de Galicia después de la muerte de Castelao (1886-1950), el vicepresidente del Congreso, Claudio Sánchez-Albornoz (1893-1984), dio la palabra a Maurín. Esta fue su intervención:
«Tomo parte en este debate, Sres. diputados, ostentando una representación puramente unipersonal. Mi intervención por esta razón será muy breve y, además, tendrá seguramente la virtud de no satisfacer a ninguno de los sectores de la Cámara.
» Empiezo por decir que por esta vez la representación del Partido Obrero de Unificación Marxista votará la confianza al Gobierno del señor Azaña. Sin embargo, he de evidenciar mi desacuerdo con las manifestaciones hechas por el Sr. Presidente del Consejo. Ha dicho S. S. —fue el tono general de su discurso— que su objetivo fundamental, como hombre directivo cargado de gran responsabilidad para el futuro de España, es que haya calma. Ese deseo de calma mereció, señor Azaña, el aplauso de los hombres representativos del bienio negro. Pero el pueblo no se mantendrá en calma, no habrá calma en el país, a pesar de los factores psicológicos de que hablaba el Sr. [Joan] Ventosa [se refiere al diputado de la Lliga Catalana], a pesar de las invocaciones a los peligros comunistas de que hablaba el señor [José] Calvo Sotelo [diputado de derecha extrema de Renovación Española], mientras no se haya hecho justicia; en el país no habrá calma mientras no se haya ventilado la represión de Octubre de 1934, con sus tres mil muertos, los treinta mil encarcelados, el Sr. Azaña preso, el Sr. Companys preso, el señor Largo Caballero preso, D Indalecio Prieto emigrado, el Sr. [Ramón] González Peña preso [diputado y dirigente ugetista de la revuelta asturiana], e igualmente otros hombres representativos de distintos sectores del movimiento popular que integran esta Cámara.
» Todos ellos podrán, tal vez, sentirse personalmente satisfechos escuchando las palabras de la derecha; pero el pueblo, el verdadero pueblo que ha sufrido en Octubre, y sufre ahora todavía, no podrá mantenerse en calma mientras no se haya hecho justicia, y justicia quiere decir, señores de la derecha, un desquite natural, quiere decir una expresión que vosotros utilizáis, puesto que la tenéis en la Biblia; quiere decir la ley del Talión. (Rumores.) Quiere decir diente por diente, quiere decir ojo por ojo. Y el diente por diente y el ojo por ojo, que tal vez os haga reír a vosotros, no hace reír a los mineros de Asturias que han perdido tres mil de los suyos; no hace reír a los hombres que han sufrido en las cárceles. Estos, intuitivamente, no por una simple venganza, quieren la ley del Talión, quieren la revancha, quieren el desquite, quieren el equilibrio, y solamente cuando este equilibrio natural se haya producido en el país, Sr. Azaña; podrá haber calma; hasta que esta justicia se produzca, no habrá calma en el país. El Sr. Azaña tiene firmadas por todos nosotros en el manifiesto del Frente Popular la depuración de las responsabilidades por la represión de Octubre; el Sr. Azaña lleva ya dos meses en el Poder y estas responsabilidades no las hemos visto exigidas todavía: los asesinos de Sirval siguen aún en libertad [se refiere al periodista Luis de Sirval (1898-1934), que fue a Asturias a contar lo que pasaba y fue asesinado]. Yo sé que por parte de los familiares y de abogados representativos de los propios familiares se han hecho incitaciones al Gobierno para que se hiciera justicia, para que fueran encarcelados los asesinos de Luis Sirval, y, sin embargo, los asesinos están todavía en libertad. Hay que hacer justicia; el proletariado no es nunca vengativo, el proletariado sufre como en la “Commune” francesa, el proletariado ha sufrido a través del siglo XIX y durante el siglo XX, y cuando toma el Poder hace la justicia, estrictamente necesaria, pero esta justicia hay que hacerla. Cuando esta justicia se haya llevado a cabo, entonces es cuando podrá haber calma, esa calma que desea el Sr. Azaña.
» Yo veo para el Gobierno del Sr. Azaña grandes peligros, que no se han señalado, pero que están flotando en el ambiente. El Sr. Azaña ocupa el Poder por segunda vez. No podrá decirse que el Gobierno primero del Sr. Azaña fue un completo acierto. El Gobierno primero del señor Azaña se hundió en septiembre de 1933, y todo hundimiento político, todo colapso político es, fatalmente, un fracaso. Fracasó, ¿por qué? Fracasó porque el Gobierno del primer bienio no había hecho la política radical en el orden social que precisaba llevar a cabo. Y es por eso por lo que las derechas, vencidas el 12 y el 14 de abril de 1931, reaparecieron de una manera lenta, pero progresiva, y en septiembre de 1933 arrollaban al Gobierno republicano-socialista y tomaban, de una manera vertiginosa, el Poder en noviembre-diciembre de 1933.
» ¿Cómo ha sido posible ahora reconquistar las posiciones perdidas? Las posiciones perdidas se han reconquistado gracias al sacrificio de la clase trabajadora, gracias a esos tres mil muertos, a esa pirámide de cadáveres, gracias a los treinta mil encarcelados, gracias a los sufrimientos de las treinta mil familias. Todo eso es lo que ha permitido ahora un Gobierno republicano, con una mayoría del Bloque Popular. Pero es que, Sr. Azaña, la experiencia hecha por el proletariado de esos tres mil muertos y esos treinta mil encarcelados ¿podrá repetirse indefinidamente? ¿Es que el proletariado es materia prima para sufrir estas represiones crueles, inicuas, como no recuerda la historia de nuestro país?
» Generalmente no suceden nunca las cosas por segunda vez de una manera exacta. La “Commune” francesa fue el aplastamiento momentáneo del movimiento obrero y tuvieron que pasar muchos años para que la clase trabajadora francesa pudiera resurgir y presentar nuevamente batalla. Tal vez si la actuación del Gobierno del Sr. Azaña fuera ahora una repetición de lo que fue en 1931 a 1933 conduciría, inevitablemente, a un triunfo de la contrarrevolución, a una victoria de, los hombres que se sientan en los escaños de las derechas, que tienen la osadía, después de todo lo que han hecho durante el bienio negro, de venir aquí a pedir explicaciones a la mayoría de la Cámara. Reconquistando el Poder esta gente —no os quepa duda, señores republicanos de izquierda, camaradas socialistas y comunistas—, se iría directamente al fascismo. El Sr. [José María] Gil Robles [líder de la CEDA] ha dicho, de la manera jesuítica que emplea al pronunciar sus discursos —y en esto no creo que haya ofensa para que se pida la lectura de un artículo del Reglamento—, lo siguiente: “Yo no sé si podré controlar las fuerzas que me siguen; esas fuerzas, si no ven un Gobierno fuerte que imponga el orden, tal vez se marchen por derroteros que no son los míos.” Es la amenaza implacable, inexorable, de que el Sr. Gil Robles, que tuvo, y no ha perdido nunca, grandes simpatías por el movimiento fascista —el de Italia y el de Alemania—, llevará todo su partido hacia las filas del fascismo.
» Y no hay duda, la disyuntiva es terminante: o triunfará el socialismo o triunfará el fascismo. La democracia en el siglo XX, después del triunfo de la revolución rusa, en esta época de convulsiones sociales, de cataclismos políticos, de guerras imperialistas, es un simple momento de transición entre dos etapas antagónicas. El dilema es: fascismo o socialismo.
» ¿Qué hicieron, camaradas socialistas, los socialdemócratas alemanes y austríacos, creyendo que podrían estabilizar la República democrática, sino dar tiempo a la organización fascista, para que, preparándose, pudiera después conquistar el Poder? Si nosotros vamos a repetir exactamente lo mismo en España, dentro de un año, de dos, de tres —yo no puedo decir la fecha exacta—, tendremos, como en Italia, como en Austria, como en Polonia, como en Hungría, como en Alemania, como en Portugal, como en una muchedumbre de países, un régimen fascista, que será presidido o par Gil Robles o por Calvo Sotelo o por otro aspirante a “führer” o a “duce”. La gran responsabilidad del proletariado y de los hombres representativos del movimiento liberal está precisamente en impedir ese movimiento ascendente del fascismo que representan todas las derechas coligadas, apoyando en este momento al Gobierno del Sr. Azaña, si el Sr. Azaña, en realidad, se propone llevar a cabo el pacto del Frente Popular.
» ¡Ah! Pero es que el Sr. Azaña se encuentra con que no podrá llevar a cabo el pacto del Frente Popular.
» En el Gobierno del Sr. Azaña hay dos contradicciones fundamentales: la primera es que en 1936, en época profundamente revolucionaria, que aterroriza a los hombres de la derecha, el Gobierno del Sr. Azaña es menos revolucionario, es menos avanzado, es de tipo más conservador que el Gobierno de 1931-33. Dentro del Gobierno había entonces tres representantes socialistas, que le daban un tono más avanzado del que podía tener representado solamente por republicanos. Hoy se da esta primera contradicción, y la segunda contradicción es creer que haya triunfado el 16 de febrero un movimiento republicano en sí. Es el movimiento de Octubre, son las masas trabajadoras, es el movimiento obrero, representado por Largo Caballero, por Indalecio Prieto, por González Peña, por los hombres encarcelados en Octubre, lo que ha triunfado.
» El Sr. Calvo Sotelo ha dicho, y decía bien, que en el país había una mayoría de tipo marxista, que los republicanos están en evidente minoría. Esto, aunque lo diga un representante caracterizado del fascismo, como lo es el Sr. Calvo Sotelo, es tan cierto como dos y dos son cuatro. Hoy existe en el país una mayoría socialista o comunista y, sin embargo, hay aquí un Gobierno de tipo republicano. Esta es la segunda contradicción. Esto nos lleva a esa ofensiva que realizan las derechas subrepticiamente, conspirando contra la República, apoyándose, como en tiempos de la monarquía, en ciertos sectores, en “determinados elementos”, a través de la finanza internacional, de la Prensa internacional, y por todos estos medios se lleva a cabo la ofensiva contra la situación actual.
» No os quepa duda (yo al menos tengo la plena convicción) de que el sentido del Gobierno Azaña es exactamente el mismo del Gobierno [Édouard] Herriot en 1924 [primer ministro radical-socialista]. En las elecciones de mayo de 1924 triunfó en Francia, a través del “cartel”, el Bloque Popular, que subió al Poder entusiasmado, embriagado de República. Al cabo de unos meses, el Gobierno de Herriot se encontró con la ofensiva de la Banca, y Herriot tuvo que ir a llamar a las puertas de [Raymond] Poincaré [primer ministro que mantuvo una actitud intransigente ante las reparaciones de guerra alemanas] para que acudiera a salvar el franco. Al Gobierno laborista inglés le ocurrió lo mismo en el período 1929-31. Cuando la burguesía inglesa se cansó del Gobierno laborista, emprendió la ofensiva financiera, cayó la libra esterlina y [Ramsay] MacDonald [líder de los laboristas] quedó anulado en las elecciones siguientes, en las que alcanzó un triunfo jamás obtenido el partido conservador de [Stanley] Baldwin [partidario de llevar una política conciliadora con Hitler].
» Aquí se está preparando lo mismo. La peseta tiene ya, de hecho, hoy una devaluación del 12 o 15 por 100 de su valor. La finanza internacional no está a las órdenes del Gobierno pequeño burgués, republicano y liberal que hoy tiene España; la finanza esta movida por los hombres representativos de la gran burguesía española. Esta ofensiva se lleva a cabo, y cuando venga el «crack», vendrá al mismo tiempo el hundimiento de la actual situación del Frente Popular.
» En un determinado sector obrero hay la concepción de que el desgaste del Gobierno Azaña no es al mismo tiempo el desgaste de los partidos que lo sostienen. El desgaste del Gobierno Azaña será el desgaste de los partidos obreros que lo sostengan. Por eso la situación para los representantes obreros es enormemente delicada. Yo he dicho que una vez votada la confianza al señor Azaña, no sé si podré hacerlo otra vez, porque discrepo del modo de entender la política tal como se lleva a cabo por algunos sectores obreros con relación al Gobierno del Sr. Azaña. Yo creo que en este momento no hay que consentir el desgaste del Sr. Azaña, inevitable, porque todo Gobierno se desgasta, y el desgaste simultáneo de las fuerzas obreras. A mi entender lo que procede es que aquellos partidos obreros que creen en la eficacia del Frente popular (y yo no creo en su eficacia) formen con los republicanos de la izquierda un Gobierno de Frente popular. Este Gobierno de Frente popular se desgastará también; pero, en tanto se desgaste este Gobierno del Frente popular, no habrá habido tiempo para que la reacción pueda prepararse. Y entonces los obreros deben ir más allá del Gobierno del Frente popular: a la formación de un Gobierno obrero que solucione los problemas de la revolución española.
» La disyuntiva —repito— es fascismo o socialismo; los socialistas tenemos que pronunciarnos, naturalmente, por el socialismo. Nada más.
Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, n.º 17, 15 de abril de 1936, 315-317.
Joaquín Maurín intervino en cuatro ocasiones en el Congreso de los Diputados. La primera, que es que acabamos de transcribir, fue seguida por las del 20 de abril,16 de junio y 8 de julio. La Editorial Marxista de Barcelona las reunió en un folleto de 22 páginas, con un prólogo de Jordi Arquer, su fiel amigo en los años de exilio, que en 1928 había creado el Partit Comunista Català y luego, en 1930, acompañó a Maurín en la constitución del Bloc Obrer i Camparol y en 1935 el POUM. Reproducimos escaneado el ejemplar guardado en el CRAI del Pavelló de la República de la Universitat de Barcelona. Los cuatro discursos parlamentarios también están recogidos en el libro de Victor Alba, La Revolución española en la práctica (Editorial Júcar, 1977).
